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jueves, 30 de mayo de 2019

lunes, 28 de enero de 2019

Publicación del nº 4 en la Colección Efialtes

El misterio de la obligación mayoritaria
Philippe Urfalino

La Editorial Doble J acaba de publicar un nuevo volumen en la colección Efialtes.

Aquí se puede acceder al prólogo y al índice de contenidos del libro.

Sabemos que la regla de mayoría es la regla de decisión más igualitaria y eficaz. Sin embargo, desconocemos las razones por las que un número mayor de votos pueden producir la obligación de respetar una decisión. ¿Qué razones justifican el uso de la regla de mayoría? ¿Por qué estaríamos obligados a acatar el resultado de una decisión mayoritaria? ¿Cuáles son las condiciones para que la obligación mayoritaria sea o no válida? Estas preguntas han sido y siguen siendo, en buena medida, ignoradas por la filosofía y la ciencia política, a pesar de que el recurso a la regla de mayoría es antiguo y prácticamente universal.
Partiendo de los avances que proporcionan la filosofía del derecho y la filosofía política sobre las razones que hacen preferible a la regla de mayoría frente a otras reglas, Philippe Urfalino propone una manera de pensar las situaciones de decisión colectiva que permite aclarar el misterio de la obligación mayoritaria. Razonando a partir de ejemplos históricos relativamente simples, sobre cuerpos deliberantes de tamaño reducido, el autor establece las condiciones que deben cumplirse para que la decisión mayoritaria sea vinculante y señala sus límites, de modo que también puedan aplicarse a decisiones políticas de mayor calado como la elaboración de leyes, los referéndums o las reformas constitucionales.

jueves, 25 de octubre de 2018

Monográfico: Recepciones de la democracia antigua en Logos. Anales del Seminario de Metafísica


 Portada de Logos. Anales del Seminario de Metafísica


Vol 51 (2018): Monográfico: Recepciones de la democracia antigua

Tabla de contenidos

Monográfico

Atenas: viaje de ida y vuelta. Introducción al monográfico Recepciones de la democracia antigua” PDF
José Luis Moreno Pestaña 9-13
“¿Es la "demokratía" semejante a la democracia? Lecturas contemporáneas de la democracia ateniense PDF
Laura Sancho Rocher 15-33
Democracia, concordia y deliberación pública en la" Política" de Aristóteles” PDF
Nuria Sánchez Madrid 35-56
Pericles, caudillo de Atenas. Escolástica y creatividad en "La democracia ateniense" (1966-1975), de Francisco Rodríguez Adrados” PDF
José Luis Bellón Aguilera 57-79
Hannah Arendt y los griegos: apuntes acerca de un malentendido PDF
Edgar Straehle 81-98
Arendt, Foucault: crítica de la filosofía política y arqueología de la acción PDF
Jordi Carmona Hurtado 99-114
La dignidad de la palabra del pueblo: la "parresía" democrática frente a Michel Foucault PDF
David Hernández Castro 115-137
Sobre la democracia antigua como problema filosófico en Foucault, Castoriadis y Rancière PDF
José Luis Moreno Pestaña 139-156
Bernard Manin lector de la democracia antigua PDF 
Francisco Manuel Carballo Rodríguez                                                                                        

miércoles, 25 de abril de 2018

Intervención en el Congreso "Mayo del 68/50 años después"





Nuestro grupo impulsa y coordina una mesa dentro del Congreso "Mayo del 68/50 años después". Será el lunes 21 de mayo a las 15.30 horas en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía de la UCM. La moderará Francisco Carballo e intervendrán:

Nuria Sánchez Madrid (UCM). “La contribución de Eurípides a lo que hace a Grecia: un diálogo con Castoriadis en torno a la democracia imperialista de Atenas”.
Iván de los Ríos (UAM). “Democracia, filosofía y tragedia en la Grecia de Castoriadis”.
José Luis Bellón Aguilera (Universidad Masaryk, Brno). “Elites sobre la participación. Pseudo-Jenofonte, Const. Ath. I, 5”.
Philippe Urfalino (CNRS-CESPRA/EHESS). “Les Lumières grecques de Cornelius Castoriadis”

martes, 6 de febrero de 2018

"Bernard Manin lecteur de la démocratie antique"


Francisco Manuel Carballo Rodríguez (Université de Cadix, chercheur invité au CESPRA)

présentera une intervention intitulée "Bernard Manin lecteur de la démocratie antique"

le mercredi 7 février 2018 de 14h à 16h30, à l'UPS CNRS Pouchet, 56 rue Pouchet, Paris, salle 159.

Le papier sera discuté par Samuel Hayat (CNRS / CERAPS) et Yves Sintomer (Université Paris 8 / CRESPPA-CSU).

Ouvert à tou-te-s !

martes, 7 de noviembre de 2017

Sorteo y democracia en Daimon, nº 72

Tabla de contenidos (acceso número completo)

Jorge Costa Delgado
5-6
José Luis Moreno Pestaña
7-21

Sorteo y democracia

Yves Sintomer
25-43
Sebastián Linares
45-58
Dimitri Courant
59-79
Liliane López-Rabatel
81-102
Virginie Hollard
103-116
Gérard Mauger
117-124
José Luis Bellón Aguilera
125-140
Francisco Vázquez García
141-156
Francisco Manuel Carballo Rodríguez
157-171
Samuel Hayat
173-185
Julien Talpin
187-203
Ramón A. Feenstra
205-219
Jorge Costa Delgado
221-237

martes, 18 de julio de 2017

"La estadística en sociología". Un texto clásico de Maurice Halbwachs disponible en español


En el último número de la revista Encrucijadas, Francisco Carballo colabora con la traducción al español del texto clásico de Maurice Halbwachs "La estadística en sociología" y con un texto de presentación del mismo. Este número monográfico titulado: "Lo nuevo y lo viejo: procesos electorales, campañas y voto", contiene interesantísimas aportaciones para reflexionar sobre las limitaciones de nuestras democracias e invitaciones a pensarlas de otro modo. En ello, este número de Encrucijadas conecta con cuestiones que interesan a nuestro grupo de investigación y a los contenidos de este blog.

sábado, 22 de octubre de 2016

Comentario al uso del sorteo en la propuesta “Andalucía, como la que más” para la Asamblea Andaluza de Podemos 2016







En el diagnóstico que precede a la propuesta, los autores hacen un análisis general de los efectos del modelo organizativo de Podemos aprobado por amplia mayoría en octubre de 2014. Destacan tres: la autonomía de los representantes, la centralización del poder y una competencia exacerbada -a veces también deshonesta- entre distintas familias políticas. A estas tres manifestaciones de la deriva oligárquica dentro del partido, añaden una cuestión adicional: el predominio de una estrategia política basada en el discurso y el marketing, que no se debe propiamente al modelo organizativo, pero que sin duda se ha visto favorecido por la concentración de poder y por el hecho de que los medios de comunicación hayan jugado un importantísimo papel en la vida política de Podemos.
A nosotros nos gustaría subrayar que esas cuatro características no son exclusivas de Podemos, sino que se manifiestan en la mayoría de partidos políticos actuales de manera muy similar. El modelo organizativo de Podemos, pese a las diferencias respecto a los principales partidos, ha demostrado ser poco resistente a las dinámicas de lo que Bernard Manin denominó “democracias de audiencia” y a la “ley de hierro de las oligarquías” de Robert Michels. En otras palabras: a la lógica y los ritmos mediáticos, a la dependencia de los liderazgos carismáticos, a la influencia de encuestas y sondeos, y a la concentración de poder interna.
Juan Moreno Yagüe y Francisco Jurado advierten justamente que para hablar de un cambio de rumbo sustancial en el partido, es necesario transformar “las estructuras, los órganos y las relaciones en Podemos Andalucía”. De lo contrario, cualquier iniciativa se condenará a producir los mismos efectos que hasta ahora. En nuestro proyecto I+D nos interesa estudiar los efectos del sorteo en la política actual y dado que los autores lo incluyen en su propuesta, queremos examinar de qué manera puede contribuir el uso del este mecanismo al propósito declarado de la misma.
Una primera cuestión fundamental que va a determinar el uso del sorteo en esta propuesta organizativa es la del censo: ¿quién puede participar en el sorteo? Según comprobamos, solo aquellas personas que se presenten voluntarias y logren el aval de un 10% de los inscritos o de tres círculos del ámbito territorial en el que concurran. En la práctica, salvo los puestos de “asistente” en los círculos territoriales, todos los cargos sorteados son a nivel provincial o andaluz. Ante estas restricciones, cuyo motivo no se explica, se impone una pregunta: ¿a qué perfil de militante favorecen los avales requeridos? Partimos de la base de que los círculos asumirían la función prevista de control mediante el aval, y que no habría círculos que se organizaran -en una apuesta por ampliar el uso del sorteo- para avalar a cualquier persona que se lo solicite al margen de su procedencia. Dicho esto, quedarían previsiblemente descartados todos los inscritos en el censo de Podemos que no participan frecuentemente en su círculo y, por tanto, carecen de la confianza necesaria para lograr el aval. También tendrían muchas dificultades aquellos militantes muy activos en un círculo en concreto, pero que no han accedido a actividades o cargos de responsabilidad que les hayan puesto en contacto de manera estable e individualizada con otros círculos que pudieran avalarlos y carecen de redes organizadas que los promocionen en otros lugares. En consecuencia, el tipo de militante que estaría en mejores condiciones para lograr los avales -y por tanto, resultaría estadísticamente más frecuente en los sorteos- sería precisamente el que ya ha ocupado cargos de responsabilidad y/o forma parte de corrientes organizadas dentro de Podemos.
Por otra parte, se establece la voluntariedad como requisito previo a la constitución del censo de sorteables. Otras alternativas hubieran sido la voluntariedad a posteriori -es decir, la posibilidad de aceptar o declinar una vez la persona ya ha sido seleccionada por sorteo- o la obligatoriedad entre los inscritos; aunque en ambos casos, habría que adaptar el funcionamiento del sistema de avales en consecuencia. La opción escogida tiende a reducir el censo, ya que es un hecho constatado por la sociología política que personas con determinados perfiles sociales y políticos tienden a auto-excluirse de la participación activa y, especialmente, de los puestos de responsabilidad. Sería el caso, por ejemplo, de personas con menos recursos culturales legítimos y con escasa experiencia política previa. También de las mujeres, que tienden a participar menos que los hombres; aunque la paridad exigida en todos los órganos aseguraría su presencia al final del proceso. Desde un punto de vista democrático hubiera sido interesante considerar la tendencia a la marginación estructural de estos perfiles para tratar de combatirla e incentivar su participación política. A modo de reflexión más general, nuestra posición acerca de los censos sobre los que deben asegurarse los mecanismos de participación, es que deben ser lo menos restrictivos que sea posible. Más allá de las cuestiones formales, se ha demostrado que los censos establecen censuras muy severas para quienes están menos dotados de los recursos que más se valoran en las organizaciones políticas. Lo que, por el contrario, no está demostrado es que dichos recursos sean los únicos ni los mejores para tomar las decisiones políticas más adecuadas en cada momento. Para ello sería necesario establecer dispositivos de evaluación, de rendición de cuentas de las decisiones políticas. Un proceso de rendición de cuentas del trabajo realizado en cada uno de los cargos -sorteados o no- nos parece útil para llevar a cabo una reflexión colectiva del trabajo político, que al mismo tiempo funcionaría como dispositivo de formación del que se beneficiarían tanto los militantes como la organización misma.
En conclusión, el sistema elegido para controlar el censo para el sorteo puede reforzar la tendencia oligárquica ya instalada en Podemos. Consideramos que los requisitos son excesivos si el objetivo es ampliar la capacidad del mayor número posible de personas para participar en los órganos de toma de decisiones. Como alternativa, si lo que se pretende es establecer un filtro previo que garantice mínimamente el compromiso de quienes se presenten voluntarios, podría extenderse el mismo sistema de aval local a los sorteos provinciales y andaluces: un 10% de apoyos del círculo en el que se participe habitualmente, junto con el requisito de un tiempo de militancia razonable, pongamos seis meses. De esta manera, el sorteo podría estar al alcance de cualquiera que participe con asiduidad y merezca la confianza y el reconocimiento de sus compañeros y compañeras. Podemos afirmar, en todo caso, que el sorteo, tal y como aparece en la propuesta, no serviría para promocionar perfiles sociales y políticos poco frecuentes hasta el momento en la dirección del partido. En cambio sí modificaría parcialmente sistema de selección de las élites del mismo; pero ¿en qué sentido?
Sortear una parte de los puestos de los equipos autonómicos entre cuadros que pertenecerían, en su mayoría, a las distintas corrientes del partido, produciría dos resultados. Primero, garantizaría la pluralidad de voces en los órganos dirigentes, haciendo menos rentables las maniobras dirigidas a tratar de controlar los procesos de selección, con el enorme perjuicio que ello tiene para la convivencia dentro del partido y para su imagen externa, ya que buena parte de las disputas se publicitan en los medios de comunicación. Este efecto sería limitado, pese a todo, ya que el sorteo solo garantiza 8 de 20 puestos, que tenderían a repartirse entre las distintas corrientes de manera proporcional al volumen de su militancia. Otros 8 puestos se elegirían con un sistema mayoritario uninominal (como en el Reino Unido), incrementando las tensiones ya existentes, ya que sería una elección a todo o nada en cada provincia. Los cuatro puestos restantes dependerían del responsable de cada equipo, elegido a nivel andaluz, que contaría con una prima de 3 puestos adicionales designados por él mismo, lo que aseguraría las posibilidades de la corriente hegemónica en la región. Así, el sorteo, paradójicamente, suavizaría las tensiones entre corrientes en un sistema cuyo diseño global tiende a incrementarlas, a cambio de intentar acercar a los representantes a su base territorial. Solo en casos excepcionales, el sorteo podría cumplir una función más amplia de regulación de la competencia entre élites, al desempatar elecciones muy igualadas -por ejemplo, elecciones en las que dos corrientes con un peso similar empaten a representantes-.
El segundo resultado, quizás con mayor potencial político, es que el sorteo dificultaría parcialmente el control que ejercen los dirigentes de las distintas corrientes sobre la designación de puestos entre sus seguidores. El sorteo permitiría el acceso directo a instancias de representación -los equipos-, saltando el orden asignado en una lista o la designación personal de quienes ocupan puestos de responsabilidad. Esto permitiría a los militantes elegidos por sorteo la posibilidad de ejercer responsabilidades sin necesidad de un vínculo personal asociado a cada función específica: es decir, sin que ningún dirigente lo haya promocionado para ese puesto en particular. Es cierto que una corriente o familia le habría permitido la entrada en el sorteo, pero también lo es que a dicha corriente le interesará no restringir demasiado el número de seguidores que participan en el mismo para poder competir con sus rivales, por lo que el vínculo tenderá a ser más difuso. En este sentido, el sorteo podría favorecer una socialización del poder en el seno de cada corriente o familia, estimulando los intercambios, ampliando las redes sociales de los sujetos y la posibilidad de salir de un marco único de referencia. Como demuestra constantemente la realidad política, las corrientes, aunque actúen colectivamente como tales, distan mucho de ser homogéneas y estables: el sorteo aquí abriría un pequeño espacio para que la expresión de la diversidad interna de cada corriente no se organice jerárquicamente. Dicho más crudamente: el ascenso y permanencia en la estructura de la organización no estaría tan supeditado a la lealtad a los dirigentes que posibilitan la promoción. Esto podría mejorar el tipo de sujeto político que produce el partido, así como el tono y el contenido de los debates.
En resumen, a nivel andaluz y provincial, podemos decir que el uso del sorteo serviría parcialmente para civilizar el comportamiento de las élites a nivel individual (los sujetos que las componen) y colectivo (las relaciones entre las distintas corrientes y familias), en el contexto de un modelo continuista con el control oligárquico de la organización, ya que incluso en el caso de que se ampliara el censo de sorteados, su limitación a 8 de los 20 puestos garantiza el control por parte de las élites a través de las elecciones uninominales a nivel provincial.
A nivel local, el sorteo ocuparía un lugar más importante: serviría para seleccionar a los “Asistentes”, que junto a la figura del “Responsable” -electo-, sustituirían a los actuales Consejos Ciudadanos Municipales. Al margen del cambio de denominación, no queda clara la diferencia entre las nuevas figuras propuestas y los órganos actuales. Es de suponer que, a falta de una normativa específica, las nuevas figuras acabarían cumpliendo funciones similares, lo que supondría la entrada de personas sorteadas en los órganos de representación de Podemos a nivel local. Con la ventaja democrática añadida de que sería el propio círculo, en un ámbito accesible a cualquier persona inscrita, el que definiría el censo para el sorteo. Las personas sorteadas rotarían cada dos años y podrían ser revocadas a los 6 meses, posibilitando un proceso de rendición de cuentas. Todo ello, sumado a la rotación anual obligatoria de los portavoces ofrecería un panorama municipal muy diferente al actual, a la espera de una definición más precisa de la tarea de “responsables” y “asistentes”. En este caso, consideramos que el sorteo sí podría tener un importante potencial democrático, aunque se limitara a una figura de segundo orden -los “Asistentes”-. Su convivencia con los órganos electos -“Responsables”, los equipos de comunicación y tecnológico y portavoces con una elevada rotación- podría ser una experiencia política muy interesante.


domingo, 29 de mayo de 2016

Participación en el XII Congreso Nacional de Sociología

Cuatro miembros de nuestro I+D participarán en el XII Congreso Nacional de Sociología, tres de ellas con intervenciones directamente vinculadas con la temática del proyecto, otro con una discusión epistemológica más general. 
Jorge Costa Delgado intervendrá -como el anterior en el grupo de Sociología Política- sobre "Calidad de la deliberación y división del trabajo en la nueva política"
Adriana Razquin Mangado hablará en Movimientos Sociales, acción colectiva y cambio social sobre "Internet como refugio ante el deterioro democrático de asambleas igualitarias: la disputa por la significación de la lucha".
José Luis Moreno Pestaña hablará en el grupo de Teoría Sociológica sobre "Qué se construye, cuánto y cómo", tema sobre el que ha abierto una discusión en Academia. 

martes, 22 de marzo de 2016

Seminario sobre "La mésentente" II. Una nota de Francisco Manuel Carballo Rodríguez

En la tercera sesión de nuestro seminario, la segunda dedicada a Jacques Rancière y a su libro La mésentente, que celebramos el lunes 21 de marzo, tuvimos la posibilidad y la fortuna, gracias a internet, de ser un grupo más numeroso. La participación de nuestros colegas desde Chequia y desde Granada hicieron la discusión más rica y estimulante. En esta ocasión nos centramos en la lectura de dos capítulos: “La distorsión: política y policía” y “La razón del desacuerdo”. Durante el debate tratamos dos cuestiones. En primer lugar nos preguntamos por las condiciones que hacen posible la política, y cuando esto sucede, cuáles son los espacios que se generan y el tipo de sujetos que produce. La segunda cuestión, que se desprende de la anterior, nos llevó a pensar sobre el tipo de instituciones en las que la política es posible.


Con respecto a la primera cuestión, debatimos sobre si las relaciones de poder están o no presentes en la reflexión de Rancière y en los episodios en los que nos dice que se revela la política. Para abordar este problema creímos necesario fijar la idea de que el principio de igualdad, que Rancière defiende de un modo radical, se encuentra en la aspiración de toda acción política e inscrito en la lógica policial, o lo que es lo mismo, en todo orden social, bien sea más o menos democrático. Dicho de otro modo, la lógica policial implica igualdad y desigualdad, y en la posibilidad de que dicha lógica sea superada, siempre con un resultado incierto, se encuentra la política. Para que todo eso suceda tienen que darse dos condiciones. La primera es que se configure un escenario en el que dos lógicas entren en conflicto. La segunda es que ese escenario modifique las experiencias sensibles de los sujetos que están presentes en él. Es en ese punto, en el encuentro de dos mundos hasta entonces distantes, donde la política es posible. De toda experiencia que cumpla esas condiciones, y que modifique tanto el escenario del encuentro de esos dos mundos y a sus integrantes, diremos que es política. La política pues, como lo improbable, en tanto que sus posibilidades son inciertas y siempre deben buscarse atendiendo a las prácticas de los sujetos implicados, frente a la acción de la policía como lo probable, como lo que regula el orden social y asegura, de manera siempre contingente, la igualdad o la desigualdad, la libertad o su ausencia.


Una vez aclarada la primera cuestión, pasamos a debatir sobre el tipo de instituciones en las que la política es posible y nos detuvimos en el sorteo como herramienta para la selección de personas para cargos políticos o para grupos que deben tomar decisiones que afectan al conjunto de la sociedad. Aquí, analizamos el papel que deberían tener los expertos, como meros informantes de materias en las que son especialistas pero que, en el proceso de deliberación y de toma de decisiones, no les confiere superioridad alguna con respecto del resto. Rancière, en esta parte del texto, nos resultó un poco más explícito que en capítulos anteriores, acerca de la evidente y necesaria desigualdad en cuanto al conocimiento y a las capacidades, siempre técnicas, y nunca políticas, y su integración en sociedades democráticas. Sobre la utilización del sorteo, estuvimos de acuerdo en que favorecería esa posibilidad del encuentro entre distintos mundos y sensibilidades en el que Rancière sitúa la acción política, y en que por lo tanto, sería deseable integrarlo en el gobierno de nuestras sociedades.



jueves, 10 de marzo de 2016

Quiénes somos y sobre qué vamos a trabajar: Francisco Manuel Carballo Rodríguez

Francisco Manuel Carballo Rodríguez es investigador contratado predoctoral (FPI) de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Historia, Geografía y Filosofía, asociado al proyecto del plan estatal FFI2014-53792-R, al que pertenece este blog.

Máster en Ciencias Sociales, en la especialidad de Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París en 2012, Máster Universitario en Desarrollo y Participación Comunitaria por la Universidad de Cádiz y Diplomado en Trabajo Social por la Universidad de Jaén, Francisco M. Carballo R. ha sido Asistente Honorario del Departamento de Sociología de la Universidad de Sevilla durante el curso 2012-13 y durante el curso 2013-14 participó en la organización del seminario “Democracia y movimientos sociales”, organizado por el Departamento de Sociología de la Universidad de Sevilla y el grupo de investigación “El problema de la alteridad en el mundo actual” (HUM-536) de la Universidad de Cádiz.

Francisco M. Carballo R. trabajará, en el marco de su tesis de doctorado, sobre la recepción de la obra de Bernard Manin en España y sus usos en la recuperación del sorteo en política. Así mismo, participará en la elaboración y redacción de una guía práctica que recoja los argumentos utilizados por las ciencias sociales y la filosofía en torno a la cuestión de la participación política y los ponga en relación con medidas susceptibles de integrarse en las prácticas políticas actuales. Este objetivo, propuesto por nuestro proyecto, completará la transferencia a la sociedad de los resultados de nuestros trabajos de investigación. Por otra parte, en tanto que personal contratado a cargo del proyecto, se encargará de la organización de seminarios de formación, eventos científicos y otras actividades que nuestro grupo desarrolle en los próximos años.
En este sentido, para cualquier cuestión relacionada con este proyecto de investigación y los trabajos que desarrollamos, pueden contactarle en la siguiente dirección de correo: franciscomanuel.carballo@gmail.com

De sus investigaciones anteriores, centradas en los movimientos sociales y la sociología política, caben destacar las siguientes publicaciones:

- “Crise économique et mobilisations pour l’emploi. Un cas en Andalousie”, Savoir/Agir, 2015/1 (nº 31), pp. 97-104. Enlace: http://www.savoir-agir.org/IMG/pdf/SA31PolitiqueDailleurs-Manuel-Rodriguez.pdf
- “Crisis económica y movilizaciones por el empleo”, Filosofía, política y economía en el Laberinto, Universidad de Málaga, número 43, 2015, pp. 35-44. Enlace: http://laberinto.uma.es/index.php?option=com_content&view=article&id=628
- “Los movimientos de parados en el espacio de los movimientos sociales por el empleo”, El Viejo Topo, número 306-307, julio-agosto 2013, pp. 66-69. 
Enlace: http://dev.elviejotopo.com/web/archivo_revista.php?arch=1934.pdf

En la misma línea de interés, ha publicado comentarios críticos de obras en francés, para revistas españolas:
- CHAUVIN, Sébastien (2010). Les agences de la précarité. Journaliers à Chicago, Paris: Seuil, collection Liber. Cuadernos de Relaciones Laborales, Vol. 32, Nº 1, (2014), pp. 227-231. Enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CRLA/article/view/44869/42283
- DUVAL, Julien (2008). Le mythe du « trou de la Sécu », Paris : Raisons d´Agir Éditions. Cuadernos de Relaciones Laborales, Vol. 31, Nº 2, (2013), pp. 517-519. Enlace: http://revistas.ucm.es/index.php/CRLA/article/view/43730/41323

Como traductor, ha colaborado con el proyecto de I+D “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un estudio comparado de la relación de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940-1990)” con la traducción:

- PINTO, Louis. ”Los sobrinos de Zaratustra: vanguardismo, izquierdismo y posmodernismo”, Sociología Histórica, Nº 2, 2013, pp. 55-71. 
Enlace: http://revistas.um.es/sh/article/view/188931/155611

viernes, 19 de febrero de 2016

Un debate sobre el sorteo en la Asamblea Nacional Francesa. Un comentario de Francisco Carballo



En Francia, en octubre de 2015, el grupo de trabajo denominado El futuro de las instituciones presentó el informe Rehacer la democracia, en el que se dan cuenta de las actividades desarrolladas durante un año y se presentan los resultados bajo la forma de diecisiete propuestas para la mejora del funcionamiento de las dos cámaras de representación política: la Asamblea Nacional y el Senado.
El grupo fue creado y dirigido por el presidente de la Asamblea Nacional y estaba formado por once parlamentarios, de todos los grupos políticos, y por doce expertos de diversos ámbitos (mundo de la empresa, sindicatos, intelectuales y académicos), en total veintitrés. Para la elaboración del documento con las propuestas, el grupo recurrió a treinta y una personas, todas ellas especialistas en alguno de los temas sobre los que se trabajaba. Cada invitado hizo una exposición y a continuación se debatió con ellos sobre el tema en cuestión. Finalmente, con toda esa información, cada miembro del grupo de trabajo debía responder a un cuestionario compuesto por 133 preguntas. Las respuestas se registraban en una escala de preferencias, del 1-5, en la que se mostraba en qué medida se estaba más o menos de acuerdo. Del siguiente modo: 1 (en absoluto de acuerdo), 2 (más bien en desacuerdo), 3 (abstención), 4 (más bien de acuerdo), 5 (totalmente de acuerdo). Los registros se trataron calculando la media aritmética para cada pregunta, obteniendo así un valor numérico que expresa el mayor o menor consenso en cada caso. En base a esos resultados y al de los contenidos de los debates, se redactaron las diecisiete propuestas. Toda la información sobre este grupo, su composición, el informe final, los videos y otros detalles, pueden verse en este enlace: http://www2.assemblee-nationale.fr/14/autres-commissions/avenir-des-institutions
Entre los expertos invitados por este grupo de trabajo, se encontraba Bernard Manin, reconocido internacionalmente por sus trabajos sobre el liberalismo, la democracia representativa y la deliberación. Su libro, Los principios del gobierno representativo, es un trabajo fundamental para los estudiosos de estas cuestiones y una obra de referencia para orientarse en la reflexión sobre el uso que se hacía del sorteo en las democracias antiguas.
A Bernard Manin se le pidió hablar sobre el tema de la representación. Una buena parte de su intervención y del posterior debate se centró en su propuesta de introducir el sorteo en la selección de grupos para el desarrollo de diferentes tareas vinculadas a la deliberación política. Trataremos, a continuación, de resumir los argumentos que se expusieron en ese debate.
 Preguntado por los desafíos a los que se enfrentan las democracias modernas, en un momento en el que la representatividad de las instituciones políticas está cuestionada y en el que los ciudadanos exigen más participación, Manin organizó su reflexión en torno a tres puntos.
En primer lugar, se trata de constatar el hecho de que los ciudadanos reconocen poco a sus representantes y tienen una opinión cada vez más negativa sobre ellos. A pesar de lo cual, defiende Manin, no puede hablarse se desafección política simplemente analizando los datos de la abstención en los procesos electorales. Esta idea se refuerza con el hecho de que la participación aumenta en función del tipo de elección y del momento. En todo caso, defiende, cabría hablar de una desafección “intermitente”. De este modo, argumenta Manin, es más justo pensar que el sistema representativo está en crisis desde sus comienzos y a pesar de ello, su capacidad de adaptación no se ve mermada. El descrédito de los representantes políticos aumenta porque son percibidos como un grupo cerrado sobre si mismo, sobre sus intereses particulares y los de sus partidos, y alejados de las preocupaciones de los ciudadanos. En la percepción de los representados, la pertenencia a ese grupo común, el de “los políticos”, es más importante que las diferencias políticas y programáticas entre los diferentes candidatos. De este modo, el sistema representativo conforma gobiernos de élites que no se ven obligadas a atender las demandas de sus representados. Como consecuencia de todo o anterior, dice Manin, el gobierno representativo combina elementos democráticos y elementos poco democráticos.
En segundo lugar, Manin subraya el problema de la representatividad, en un sentido estricto. Puesto que los ciudadanos no se reconocen en sus representantes, ¿qué representatividad tienen éstos? En este punto, Manin discute los análisis que el grupo de trabajo había presentado como documento previo a su intervención. A juicio de los miembros del grupo, el problema radica en la distorsión entre las características sociales de los miembros que componen las cámaras y la mayoría de la población. Sin negar esa distancia evidente, Manin descarta que la falta de reconocimiento se deba a esas diferencias. En cualquier caso, no considera que el criterio de semejanza social pueda constituir el principio fundamental de la representación y recuerda que los deseos de un grupo determinado pueden ser perfectamente tenidos en cuenta por personas que no compartan sus mismas características sociales. Pese a lo anterior, se muestra favorable a establecer mecanismos correctores (cuotas) en función de diferencias estructurales y estables, por ejemplo, como en el caso del género. Dichos mecanismo correctores, también son necesarios para compensar situaciones que puedan discriminar en un sentido negativo a algún grupo de población, en términos de representatividad. Lo fundamental de tales mecanismos de corrección es que tienen que ser eficaces y no meros instrumentos de propaganda para ser exhibidos con fines partidistas. De ser así, el efecto de legitimación que pretenden, será muy limitado.
El tercer conjunto de reflexiones las dedica al mecanismo del sorteo. Manin recuerda que en los últimos veinte años, se están desarrollando por todo el mundo multitud de experiencias prácticas que recurren al sorteo para elegir miembros de asambleas ciudadanas o de grupos de deliberación, como en el caso de Canada o de Irlanda. Pero más que de las particularidades de un caso en concreto u otro, lo que nos interesa ahora es sintetizar las ideas que desarrolló sobre el sorteo en este grupo de trabajo.

En primer lugar, hay que decir que el modelo de sorteo que defiende aquí Manin, está limitado a grupos orientados a la deliberación y a la discusión. Hemos de recordar que se trata de recomendaciones hechas para una institución que trata de reflexionar, de un modo realista, sobre posibles reformas a adoptar para mejorar su funcionamiento y su legitimidad. Por lo tanto, Manin defiende un uso limitado del sorteo a tareas informativas, llevadas a cabo por ciudadanos “ordinarios”, que pudieran orientar las decisiones que deben tomar los representantes elegidos en las urnas. Este uso de las asambleas deliberativas, intuye Manin, reforzaría la legitimidad de la representatividad política, ahora puesta en cuestión, por la vía de la representatividad social. Este mecanismo ayudaría a mejorar la credibilidad y la confianza en las instituciones. En términos operativos, las asambleas sorteadas estarían asesoradas por expertos del tema a tratar y por lo tanto sometidas a un intenso proceso de aprendizaje.
Manin insiste en repetidas ocasiones sobre esta dimensión del aprendizaje y explica que en ella reposa la diferencia fundamental entre una asamblea sorteada entre ciudadanos “ordinarios” (se refiere con esto, a que no son especialistas de ninguna materia, ni políticos profesionales o militantes) y un grupo de personas que discuten, organizados por ejemplo, en torno a un grupo político o cualquier otro de carácter más o menos informal. Conviene señalar en este punto, que Manin no entiende las asambleas sorteadas como mecanismos de participación. A su parecer, la lógica de la participación es muy distinta y considera que favorecerla, debe continuar siendo una tarea de la que se ocupen los partidos políticos u otros grupos organizados, en función de sus intereses legítimos. En el desarrollo de la sesión, algunos de los miembros del grupo de trabajo mostraban sus recelos ante la idea del sorteo argumentando que un grupo elegido al azar, y por lo tanto de manera aleatoria, no reflejaría la verdadera dimensión de la relación de fuerzas antagónicas presentes socialmente. Esta distorsión, explican, tendería a ocultar relaciones de dominación que la composición proporcional de las cámaras, en un principio y de manera ideal, sí deberían reflejar. Los defensores de este argumento, reconocen al mismo tiempo, que los partidos de masas han sufrido un proceso de cierre y que han limitado mucho la posibilidad de participar a un gran número de personas. No obstante, como alternativa, sugieren mecanismos como los que posibilitan las nuevas tecnologías (teléfonos móviles, internet) para desarrollar procesos de debate participativos (el presidente del grupo de trabajo y de la Asamblea Nacional, Claude Bartolone, hace referencia a la herramienta virtual que utilizó Podemos para elaborar su programa electoral y en la que participaron más de 15.000 personas). En respuesta a estas apreciaciones, Manin insiste en su idea de que las distintas formas de participación política son compatibles con la existencia de las asambleas sorteadas, puesto que ofrecen resultados muy diferentes. A propósito de la primera objeción, sobre la relación de fuerzas, explica que los grupos sorteados están compuestos, de manera ideal, por personas que no se conocen y que son convocadas para deliberar y emitir una opinión razonada sobre un tema concreto. Se trata pues de razonar, utilizando argumentos, a partir de las informaciones que se van acumulando, y de los juicios que se forman en el transcurso de los debates. No existe una lógica de confrontación partidista o ideológica. En el caso del recurso a las nuevas tecnologías, Manin advierte que los grupos se movilizan siguiendo criterios de afinidad y que por lo tanto, las diferencias, en cuanto a las opiniones, suelen ser mínimas. Otro problema añadido es que esos grupos tienen un acceso muy limitado a la información, o más bien, recurren a informaciones que son bien valoradas por la mayoría. En un grupo sorteado, por el contrario, sus miembros tienen a su alcance información que no tendrían en un círculo de su elección. Para acabar con la cuestión de la participación, Manin explica de qué modo el sorteo puede ser útil, incluso si se utiliza de manera complementaria a uno de los mecanismos más defendidos para la participación, el referéndum. Para ello hace referencia al estado de Oregón, en Estados Unidos, donde hacen uso del referéndum a instancia de los ciudadanos de manera frecuente. En este caso, una asamblea sorteada delibera sobre el tema del que trate la consulta y el informe que emiten se envía por correo postal junto con el resto de la propaganda electoral.
Recordemos en este momento, que Manin considera a las democracias representativas como sistemas imperfectos que se encuentran constantemente en crisis. La introducción del sorteo, como mecanismo de deliberación disponible para ciudadanos “ordinarios” que tienen la oportunidad de opinar sobre temas concretos, con carácter meramente consultivo, reforzaría la dimensión de la responsabilidad de los representantes electos. En este sentido, Manin defiende que esa sería una herramienta útil para la necesaria rendición de cuentas. En la medida en que los resultados de la deliberación se hiciesen públicos, los cargos públicos deberían justificar sus decisiones. Ciertamente, tal vez fuese más difícil explicar las razones por las que se adoptan unas u otras medidas, a favor o en contra, pero esa obligación de claridad reforzaría la legitimidad, ahora muy erosionada, de los representantes frente a los representados. En la propuesta de Manin, están inevitablemente las fuentes de la democracia griega, en la que recordemos que las instituciones del sorteo, la rendición de cuentas y la rotación de cargos iban siempre unidas.
Sobre la rotación de cargos también se discutió en este grupo de trabajo. Concretamente, sus miembros estaban interesados en la cuestión de la limitación de mandatos. En este punto, Manin defiende la importancia de la continuidad de los proyectos políticos y la pone en relación con la responsabilidad, y por lo tanto, como ya hemos visto, con la rendición de cuentas. Manin no excluye la posibilidad de limitar el tiempo durante el que un dirigente puede permanecer en un cargo, pero sí señala que la continuidad es lo que permite que un proyecto político se someta, a largo plazo, a la sanción de los ciudadanos en las urnas. En este sentido, Manin identifica en los políticos una suerte de irresponsabilidad, “una miopía estructural”, que hace que tiendan a pensar en el corto plazo. A su juicio, el compromiso de permanencia de un proyecto político (no debemos pensar solo en personas) a largo plazo es lo que hará que sus dirigentes se comporten de manera responsable. Vemos con claridad que Manin, habiendo identificado los problemas de la representación en nuestras democracias, no pone tanto el acento en la voluntad de participar de los agentes, como en los problemas que atraviesan a las organizaciones políticas y a las instituciones. Porque cuando se trata de participar, el sorteo presenta un problema que aún está por explicar, y es que un número muy elevado de personas elegidas al azar lo rechazan. Manin explica que en experiencias donde se hace un uso intensivo del sorteo, la tasa de rechazo a participar supera el 80%.
Para terminar, queda decir que tras la intervención de Bernard Manin, se introdujo en el cuestionario que debían completar los miembros del grupo, una pregunta sobre el sorteo. Se preguntaba si se consideraba conveniente, en caso de abordar una reforma del Senado, la posibilidad de elegir una parte del mismo por sorteo. El valor medio de la adhesión a la propuesta fue de 2,2 (más bien en desacuerdo), por lo que no fue incluida en las diecisiete recomendaciones. 

jueves, 14 de enero de 2016

"Podemos de l'indignation aux élections" y una reflexión sobre el sorteo. Un texto de Francisco Manuel Carballo Rodríguez



El libro de Héloïse Nez, Podemos, de l'indignation aux élections (Paris, “Les Petits Matins”, 2015), puede ser leído en dos claves distintas. La primera de ellas, de carácter “periodístico”, tiene un valor informativo valioso. La segunda, más sociológica, aporta algunos conocimientos de interés sobre los fenómenos de los que se ocupa, pero también presenta algunos límites, a mi juicio importantes. Debo aclarar, que entiendo por investigación periodística aquella que ofrece como resultado una descripción factual de acontecimientos, recurriendo para ello a fuentes diversas: observación, informaciones de prensa, encuestas de opinión o entrevistas, entre otras. En este modelo de investigación, la descripción de los hechos o las informaciones sobre las personas y los grupos se presentan bajo la forma de un relato coherente con un valor informativo y de divulgación muy importante, pero con un escaso valor demostrativo. Frente al modelo anterior, a una investigación sociológica debe exigírsele un esfuerzo de objetivación constante, que la proteja de los riesgos de tomar los acontecimientos tal y como se nos presentan en el mundo social, mediante el uso de herramientas teóricas de construcción de un objeto de investigación. Hecha esta aclaración, me centraré en el contenido del libro y me detendré en los aspectos más relevantes según el esquema de lectura que he propuesto.
En la introducción, la autora presenta su objeto de investigación: el nacimiento de un nuevo partido político, Podemos, en el marco de un país como España, muy castigado por las consecuencias de una grave crisis económica y caracterizado por los cambios que un movimiento social de masas, sin precedentes en la historia reciente en Europa, introdujo en la percepción de sus ciudadanos sobre el funcionamiento de la vida social y política. En sus análisis se interrogará por las claves de los éxitos electorales logrados en las elecciones europeas, autonómicas y municipales, por las novedades en su forma de organización y por último, por las posibilidades de que un modelo similar surja en otros lugares de Europa. A partir de aquí, el texto está divido en cuatro partes. Las dos primeras se centran en la génesis del partido, prestando atención a sus integrantes, poniéndolo en relación con el contexto político, social y económico en el que emerge y vinculándolo con el movimiento del 15M. En la tercera parte se describe y se analiza la estrategia política del partido, esto es, las continuidades y las rupturas con respecto a la oferta política disponible. En la cuarta parte se narra el proceso de organización interna del partido y se analizan sus posibles resultados. En las conclusiones, la autora reflexiona sobre los desafíos a los que se enfrenta Podemos, en clave interna, en su papel en la escena política nacional y en la escena europea.
En lo que podríamos considerar las aportaciones de este libro, habría que comenzar por reconocer el esfuerzo para situar socialmente a los fundadores de Podemos, a través del análisis de sus trayectorias sociales y militantes. Se presentan divididos en dos grupos. En el primero de ellos, compuesto por “universitarios comprometidos”, están agrupados algunos profesores y estudiantes del departamento de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Este primer grupo comparte ciertos rasgos: pertenecen a familias acomodadas pero que les han transmitido una cierta socialización política, se sitúan en una franja de edad alrededor de los 30 años de media, tienen trabajos precarios y una trayectoria militante larga. En este grupo, los militantes se definen ellos mismos como “transversales” para explicar sus orígenes diversos: IU, movimiento anti-globalización, movimiento estudiantil o 15M. Así mismo, en el caso de los nombres más visibles, como Iñigo Errejón, Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero, les une su experiencia latinoamericana y su trabajo en los medios de comunicación, sobre todo en el caso de los dos últimos (pp. 27-31). En un segundo grupo estarían los “militantes anticapitalistas”, compuesto por militantes del partido Izquierda Anticapitalista. En este caso, su rasgo distintivo serían las trayectorias militantes largas y su participación más explícita y activa en las movilizaciones del 15M (pp. 34-36). Esta primera caracterización del grupo promotor de la nueva iniciativa política, describe al grupo que presentó el proyecto a principios de 2014. En su análisis, la autora considera determinante en este momento el peso de las trayectorias militantes en los miembros de ambos grupos, aunque también identifica tensiones entre la iniciativa más decidida hacía una estructura organizativa pensada para presentarse a las elecciones y aspirar a gobernar, representada por el grupo de “intelectuales de la Complutense” y otra más orientada hacía el trabajo de organización de los movimientos sociales y de reivindicación, representada por los “anticapitalistas” (pp. 37-41). Conviene retener aquí esta idea sobre las dos opciones presentes en este momento fundacional, sobre la que volveremos más adelante.
Para continuar con las aportaciones, cabe destacar la parte del trabajo etnográfico que la autora llevó a cabo en algunas asambleas del 15M en Madrid. De los debates que se produjeron en dichas asambleas, Héloïse Nez reconstruye los que se tuvieron en dos grupos, dedicados ambos a tratar sobre cuestiones políticas. En uno de ellos, ocupados sobre la política a “corto plazo” se pretendía pensar sobre las políticas públicas a escala nacional. En el otro, centrado en la política a “largo plazo”, el debate se focalizó sobre el modo de organización política más deseable, inspirado en la autogestión y los métodos asamblearios. Esta escena es utilizada por la autora para concluir que el movimiento del 15M se debate entre las propuestas institucionales para mejorar de forma rápida el sistema político y un ideal democrático hacia el que orientarse (pp. 73-74). Las respuestas a estas formas distintas de concebir la acción política cristalizarían en dos modelos de organización política: el Partido X y Podemos. El primero más centrado en las cuestiones relativas a la transparencia y la participación, y el segundo pensado como una herramienta más eficaz para lograr el poder en las instituciones (pp. 75-81). Para dar cuenta de la herencia que Podemos recoge del 15M, la autora compara el funcionamiento de los “círculos”, elemento básico de organización del nuevo partido, con el de  la institución central del movimiento surgido en 2011, las asambleas. Percibidas por algunos de sus informantes como lugares de aprendizaje, las asambleas del 15M evolucionaron y se  racionalizaron, haciéndose más eficaces y productivas, una vez recuperadas como círculos (pp. 89-93). Una tipología de los militantes de los círculos de Podemos, hecha en función de sus trayectorias militantes, nos muestra que los círculos agrupan a militantes de amplia experiencia previa, a los que se politizaron y empezaron a militar en el 15M y a los que no tenían ninguna experiencia de militancia anterior. Esta capacidad de Podemos para integrar a un número muy amplio de personas, demostraría, según Rafael Mayoral, miembro de la dirección nacional del partido, que Podemos y el 15M son “dos caras de una misma moneda”. Mientras que “el 15M era el no, Podemos es el sí de la misma cosa” (pp. 99-113).
Con un grupo dirigente a la cabeza y cientos de círculos por todo el país, el partido consigue un importantísimo resultado en la elecciones europeas, logrando cinco eurodiputados en mayo de 2014, apenas cinco meses después de su creación. En ese proceso el partido ha elaborado un discurso político sencillo y eficaz, centrado en la democracia y los derechos humanos. La incorporación de expertos en distintas materias y el uso intensivo de los medios de comunicación y las redes sociales, unido a la promoción de un líder carismático, habían convertido al partido en una máquina electoral. ¿En qué medida, se pregunta en este punto la autora, un partido que ha elegido una estructura tan vertical, podría ser distinto de los demás? (p. 166)
La cuarta parte de este libro se ocupa del momento que ofrece un material más rico para el análisis que nos interesa en este momento. Se trata de los debates sobre la organización del partido. En la “Asamblea ciudadana Sí se puede”, celebrada entre los meses de septiembre y noviembre de 2014, se elaborarían los textos fundacionales del partido y se elegirían los miembros de los órganos de dirección. La cuestión de la organización interna suscitó un intenso debate y enfrentó dos propuestas distintas. La propuesta del grupo promotor, “Claro que Podemos”, formado por el “núcleo intelectual” y defendida por Pablo Iglesias, representaba una opción relativamente clásica, con una estructura vertical y pensada para ganar elecciones. La segunda opción, “Sumando Podemos”, presentada por Pablo Echenique, proponía una estructura que combinase horizontalidad y eficacia, reforzando el papel de los círculos y con un sistema de portavoces múltiples. La opción ganadora, con más del 80% de los votos, sería la primera (pp. 171-183). Una vez resuelta la cuestión de la organización interna, el partido organiza elecciones primarias territoriales para elegir a sus dirigentes. Durante ese proceso se abre un interrogante sobre el modo de legitimación de los representantes políticos. La cuestión no es fácil para un partido que reivindica que sus dirigentes no son profesionales de la política, pero que al mismo tiempo reclama la participación de “lo mejor de la sociedad civil”, de los más competentes y de los mejor formados (pp. 189-194).
Por último, en lo relativo a lo que considero contenidos valiosos de este trabajo, Héloïse Nez presenta la aportación que Victor García introdujo en el documento de propuestas de organización defendido por Pablo Echenique. En él, se introducía el mecanismo del sorteo para elegir a la mitad de los miembros del consejo ciudadano (p.183). La propuesta, contenida en el documento “Profundización democrática”, fue debatida, defendida y rechazada, en la propia Asamblea ciudadana y fuera de ella. La importancia de este punto creo que sobrepasa mi interés personal o el del grupo al que pertenezco, para quiénes la utilización del sorteo en política es objeto de investigación. Incluso aunque considere que el recurso al sorteo puede ser muy útil para la promoción de nuevos participantes y limitar la presencia de los mejor dotados en capital político. Trataré de justificar porqué.
Además de las muchas aportaciones, las que he tratado de explicar y otras muchas que animo a que se lean, creo que este libro tiene algunos límites que la presencia del sorteo revela. Esos límites están contenidos en lo que la propia lógica del campo político obliga a pensar como posible. Una lógica la impone la propia dinámica del funcionamiento de ese espacio particular. Otra lógica permanece implícita en un modelo de investigación que no siempre sobrepasa los límites de la descripción, lo que al principio de estas páginas llamé “carácter periodístico”. A mi juicio, pensar en el sorteo como un modo posible de selección en política, rompe con un modelo binario de pensar y de interpretar los modelos políticos. Esto último serviría para los militantes, quiénes descubrirían que elegir entre dos o más opciones supone la existencia de un orden previo en función de un orden social determinado. De no ser así, ya hemos visto de qué modo el espacio político produce e impone su propia representación, su propio orden. En el momento de la fundación de Podemos, dos modelos de organización se disputaban el control de la organización, también en la Asamblea ciudadana: una estructura jerarquizada frente a otra horizontal. Lo mismo ocurría en los grupos de debate en el 15M: la eficacia en el corto plazo, sacrificando la democracia, frente a la imposibilidad de cambios profundos si se respetan los mecanismos de participación.
En una investigación sociológica como la que aborda este libro, creo que deberían explicitarse lo máximo posible las propiedades de los agentes que defienden una u otra posición, así como las distintas posiciones que ocupan en cada uno de los espacios en los que están presentes, si es que éstos son relevantes para el análisis. Pienso que solo de ese modo, las estructuras invisibles, pero que no por eso dejan de funcionar, pueden ser desveladas. De no ser así, las personas con las que trabajamos, nuestros informantes, se situarán en el lugar que se sientan más cómodos, más legitimados, y adaptaran sus discursos y la definición de si mismos, a sus opciones políticas. No se me ocurre otro modo de mantenerse precavidos ante imposiciones de clasificación, que parecen neutras pero que son el producto de luchas por ocupar un espacio destacado en un momento determinado. En este sentido, creo que las entrevistas en las que se apoya la autora del libro son poco variadas. No se trata de la cantidad, sino de una excesiva homogeneidad. En total utiliza 24 entrevistas, de las cuáles 13, las más citadas en el texto, pertenecen a dirigentes nacionales o territoriales del partido. Las 11 restantes corresponden a militantes de un círculo de Podemos de una población cercana a Madrid. Todas estas operaciones de descentramiento con relación al objeto de estudio no modificarán de forma inmediata la realidad, no harán que las cosas sean de otro modo ni que las personas digan más que lo que quieren decir, pero al menos nos ayudarán a comprender y explicar mejor una realidad que ayudamos a construir.