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sábado, 9 de septiembre de 2017

Foucault, Castoriadis, Rancière et la démocratie athénienne


Conférence : Foucault, Castoriadis, Rancière et la démocratie athénienne
José Luis Moreno Pestaña
UFR Droit & Science Politique de Paris Nanterre
ISP (UMR 7220)
Jeudi 14 septembre, 11h-13h
Lieu : bâtiment F, Salle 106

viernes, 1 de septiembre de 2017

Foucault, Castoriadis, Rancière y la democracia antigua: ¿qué cabe aprender para una filosofía del sorteo en política?

En el número 6 de la revista Imago Crítica, junto a trabajos de enorme interés, se encuentra mi artículo "Foucault, Castoriadis, Rancière y la democracia antigua: ¿qué cabe aprender para una filosofía del sorteo en política?". Un texto que tendrá pronto un desarrollo en forma de libro.  Puede leerse aquí un fragmento del número y acceder a su índice en este enlace.

martes, 18 de julio de 2017

"La estadística en sociología". Un texto clásico de Maurice Halbwachs disponible en español


En el último número de la revista Encrucijadas, Francisco Carballo colabora con la traducción al español del texto clásico de Maurice Halbwachs "La estadística en sociología" y con un texto de presentación del mismo. Este número monográfico titulado: "Lo nuevo y lo viejo: procesos electorales, campañas y voto", contiene interesantísimas aportaciones para reflexionar sobre las limitaciones de nuestras democracias e invitaciones a pensarlas de otro modo. En ello, este número de Encrucijadas conecta con cuestiones que interesan a nuestro grupo de investigación y a los contenidos de este blog.

martes, 20 de junio de 2017

Defensa de Tesis Doctoral: La Generación del 14 y la génesis de la teoría generacional en Ortega y Gasset: un estudio de sociología del conocimiento



A través del enlace que se encuentra al final de este texto se puede acceder a la defensa de la tesis doctoral de Jorge Costa Delgado, leída el pasado viernes 16 de junio en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz.

La tesis, titulada "La Generación del 14 y la génesis de la teoría generacional: un estudio de sociología del conocimiento", se inició con una beca asociada al anterior proyecto I+D de este grupo: “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un estudio comparado de la relación de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940-1990)”.


martes, 13 de junio de 2017

Foucault, Bourdieu et la sociologie de la philosophie. À propos de Leçons sur la volonté de savoir

Un texto que recoge la intervención en el coloquio Bourdieu/Foucault: un rendez-vous mancato? y que se encuentra disponible en Academia

jueves, 25 de mayo de 2017

Sobre la Antígona de Slavoj Zizek


Sófocles contiene una filosofía profunda de la democracia, no cabe duda. En hexis se ha comentado el clásico de Bernard Knox y, entre los autores que uno frecuenta, Foucault y Castoriadis han promovido lecturas sugerentes sobre las enseñanzas democráticas del genio de Colono. La de Castoriadis resulta de especial interés, pues consigue invertir la espontánea apuesta “libertaria” por Antígona y a mostrarnos la razón que asiste a Creonte. Si la tragedia funciona como filosofía de la democracia es porque renuncia a un Eje del Mal y nos ahce comprender cómo el orgullo nos conduce a aquello que odiamos ser: es la lección de Edipo, prototipo de caudillo sinceramente democrático. Cualquier lector que se entretenga en Sófocles comprueba cómo los personajes se contradicen y ocupan posiciones muy distintas en una y otra réplica. Lo que los lleva a la tragedia es la rigidez, la falta de comprensión de que la verdad se les escapa, de que no pueden tener razón solos. De hecho, el mítico Teseo, rey de la Atenas democrática, destaca por aceptar azorado las razones de Edipo, cuando este, ya ciego y abandonado, discute con él en Edipo en Colono. La idea esta clara: Teseo, fuerte y valiente, no necesita exhibir su poder obscenamente y puede recular: así es una democracia, esos son los dirigentes que se necesitan. 

Zizek ha reescrito Antígona (Akal, 2017, colección Cuestiones de Antagonismo) y lo hace acercándose al punto de vista de Castoriadis, al que sin embargo no parece haber leído (pues lo citaría). Tanto Creonte como Antígona viven en el formalismo de una convicción que se impone sobre todo. Creonte es un representante del pueblo, algo que en la obra de Sófocles (pero no en la versión de Zizek), afirma ser con orgullo: un igual entre iguales, que gobierna y sabrá ser gobernado. Pero su inquina contra Polinices, y sobre todo su incapacidad de escuchar a su pueblo (¡y a su hijo!), que comprenden y perdonan a Antígona, lo condenan. Su amor a la ley revela una obcecación malsana, incapaz de acoger el parecer ajeno. Obviamente, tras semejante intransigencia asoma una grosera debilidad, toda aquella de la que carece el modesto y titubeante Teseo. 

Antígona, por el contrario, pretende ser la voz de la exclusión. Es una mujer extraordinaria. Edipo —durante su final aventura en Colono— habla de sus hijas, Ismene y Antígona, como de mujeres que superan a sus hermanos. Ambas demuestran que son mejores ciudadanos que los hombres y Creonte insiste ante su hijo en el pánico que le causa ceder ante una mujer. Antígona, sin embargo, no es una heroína indiscutible: en momentos de la obra se ampara en leyes divinas sobre las que Creonte se muestra perplejo: ¿no hablará en Antígona el fanatismo de una iluminada que asigna a los dioses sus presunciones? Como su cuñado Edipo, Creonte tiene rasgos de la democracia y estos se ven en un espíritu ilustrado. Edipo lo muestra ante Tiresias, Creonte ante éste y su sobrina rebelde. 


Hasta aquí, más o menos, las interpretaciones de Castoriadis y Zizek podrían coincidir. Pero el filósofo franco-griego se quedaría aquí: la tragedia enseña que nada hunde más a la democracia que el exceso, la arrogancia del poder. Ser autónomo supone conciencia de que solo nos tenemos a nosotros mismos y a nuestros ciudadanos y que la vida política es un bien muy frágil que carece de garantías. Zizek, sin embargo, da un paso más y presenta al coro estableciendo un régimen nuevo, una democracia popular donde los ciudadanos no se encuentren zarandeados por los delirios de las familias notables. En su lectura de Antígona, Zizek nos ofrece varias versiones del famoso stasimon y, en cada una de ellas, el mensaje trágico se va cargando de sentido procedente del psicoanálisis y de un marxismo libertario. En un momento, Creonte parece un Lenin arrepentido de haber roto muchos huevos sin lograr tortilla alguna… ¡pero Antígona también! De hecho, el nuevo poder popular tebano la acusa de “sustituísmo”, de pretender abrir el paso a los excluidos sin escucharlos. Más abrasadora resulta la acusación a Antígona de ser una “poseur”, que goza secretamente haciendo de heroína y que en el fondo está deseando pasar a la posteridad. Toda su reivindicación de los principios es ansia de fama; de una fama que necesita la muerte propia pero que arramblará con la ciudad entera si hace falta. Ese poder popular pronto creará nuevos Creontes y Antígonas y ninguna democracia asamblearia podrá impedirlo. Solo el control mutuo puede intentarlo: el poder nos hace perder los estribos si no nos protegemos o nos protegen de ello. El lector sabrá identificar a muchas Antígonas y Creontes e incluso, con un mínimo de lucidez, se verá a sí mismo aplaudiendo a una u otra figura en un momento de su trayectoria. Incluso encarnándola. Con su lectura, Zizek no obstaculiza tal experiencia, sino que sabe acentuarla con su indiscutible inteligencia.