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jueves, 29 de septiembre de 2016

Quiénes somos y sobre qué vamos a trabajar: Samuel Hayat

Samuel Hayat se incorpora a nuestro proyecto con un estudio sobre los usos políticos de la obra de Bernard Manin.

Samuel Hayat est chargé de recherche CNRS au Centre d’études et de recherches administratives, politiques et sociales (CERAPS, Lille). Au croisement de l’histoire sociale des idées, de la sociologie historique et de la théorie politique, il travaille principalement sur la représentation politique et sur les révolutions et les mouvements ouvriers du XIXe siècle. 
 Sélection de publications récentes :
Quand la République était révolutionnaire. Citoyenneté et représentation en 1848, Editions du Seuil, 405 p, 2014.
« Rethinking representation, citizenship and identity : towards a radical pluralism» in Manuel Toscano et Jan Harald Alnes (ed.), Varieties of Liberalism : Contemporary Challenges, Cambridge Scholars Publishing, 2014, p. 130-149.
« The Revolution of 1848 in the History of French Republicanism », History of Political Thought, vol. 36, n° 2, 2015, p. 331-353.





Quiénes somos y sobre qué vamos a trabajar: Juan José Gómez Gutiérrez


Juan José Gómez Gutiérrez es Doctor en Historia del arte y editor de publicaciones académicas. También organiza actividades formativas y de difusión de la investigación, desempeña labores de consultoría y colabora con organizaciones sociales, sindicales y políticas. Ha sido profesor de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Sevilla (2012-2013) e investigador visitante en la School of Geography, Universty of Leeds (2014), el Centre for Metropolitan Studies, Technische Universität Berlín (2012) y la Università IUAV de Venecia (2008).
Como editor, es responsable de la publicación de una guía sobre democracia y consejos sorteados asociada a este proyecto de investigación. Como investigador, escribe sobre teoría e historia del arte moderno y en particular sobre las intersecciones entre arte y política. En este momento estudia modelos de participación ciudadana aplicados a las políticas culturales públicas y donde el sorteo juega un papel importante. Otros trabajos en curso presentan una aproximación histórica a la cuestión a partir de debates sobre la modernidad estética: "Políticas de la subjetividad urbana. Baudelaire, Benjamin y la geografía radical" y “Políticas del urbanismo lúdico. Contracultura y ciudad del situacionismo al neohistoricismo (1943-1989).
Juan José Gómez es autor de The PCI Artists. Antifascism and Communism in Italian Art. 1944-1951, Cambridge Scholar Publishers, Newcastle, 2015. También coordinó la antología Crítica, tendencia y propaganda. Textos sobre arte y comunismo 1917-1954, Istpart, Sevilla, 2004 y 2010. Sus artículos más recientes incluyen:
 “Filosofía de la praxis como crítica de la hegemonía en Antonio Gramsci”, Ideas y valores, nº 166, Bogotá, En prensa, 2018.
"Suprematismo y revolución: arte moderno y política contemporánea", Kriterion, vol.57 nº 134, Belo Horizonte, 2016.
"Picasso en Italia, 1936-1948. Del Guernica al arte socialista", Goya, nº 357, Madrid, 2016.
“The Politics of Abstract Art. Forma 1 and the Italian Communist Party", Cercles. Revista d’Història Cultural, nº 15, Barcelona, 2012.


jueves, 22 de septiembre de 2016

Una discusión colectiva sobre el proceso de participación de Plaza de España (Madrid). Una reflexión de Mario Espinoza

Mario Espinoza Pino nos introduce con cuidado y equilibrio en los problemas de un dispositivo de participación. Finalmente se pregunta qué podía haber mejorado y cómo la introducción del mecanismo del sorteo. Para nuestro I+D, uno de cuyos retos es reintroducir el debate de un problema básico de la filosofía política clásica (el del sorteo y la democracia), aportaciones como esta resultan fundamentales.  



Plaza España”, una excusa para dialogar sobre participación ciudadana en los proyectos urbanos.

IX Encuentro de Arquitecturas Colectivas
"Herramientas para una ciudad en abierto"
Madrid, 11-18 septiembre de 2016

El pasado día 15 de septiembre, el Instituto para la democracia y el municipalismo intervino en una discusión colectiva sobre el proceso de participación de Plaza de España en el marco del evento "Herramientas para una ciudad en abierto", organizado por Arquitecturas Colectivas (Urbanas Mad). Se trataba de dinamizar un debate crítico sobre el proyecto impulsado por el Ayuntamiento en el centro de Madrid, promovido por la concejalía de urbanismo con el apoyo del área de participación de Ahora Madrid. Un proyecto no exento de polémica. Los tres informes que sirvieron de referencia para el taller fueron compartidos previamente on line por los organizadores; los adjuntamos a continuación:

  1. Papeles003. Procesos de Participación: el caso "Plaza de España" en Madrid, elaborado por Raquel Rodríguez, Diana Valdemarín y Mario Espinoza (Instituto DM).
  2. Aproximación a la relación entre género y espacio público: el caso de Plaza de España en Madrid, elaborado por Elena Martínez Goytre y Paula González Azcárate (Latitud 40º).
Antes de abordar el contenido del taller y sus discusiones, resulta importante destacar la ausencia del ayuntamiento de Madrid en el encuentro. La organización del evento -a nuestro juicio con muy buen criterio- había invitado a las concejalías promotoras del proyecto de participación, de manera que el debate pudiera darse entre todas las partes: la institución, los "especialistas", los colectivos presentes y la ciudadanía en general. Aunque la asistencia del consistorio estaba confirmada, éste finalmente no se personó en el taller por "motivos de agenda", dejando una conversación que se pretendía coral sin uno de sus interlocutores principales. Los frutos del laboratorio hubiesen sido más ricos si la institución hubiese participado, ayudando así a esclarecer un proceso con varios puntos ciegos y contradicciones. No pudo ser. Más allá de esta ausencia -de la que debe quedar constancia-, puede decirse que los informes y la discusión posterior pusieron en cuestión tanto el carácter participativo del proceso como la idoneidad del ámbito donde este decidió llevarse a cabo: la Plaza de España.

Si bien los diangósticos presentados partían de diferentes premisas teóricas, tal y como puede verse en los informes anexados -que incluyen desde la teoría foucaultiana de los dispositivos hasta el género como vector analítico básico del espacio urbano-, sus resultados terminaron por revelarse convergentes y complementarios. Desde el Instituto para la democracia y el municipalismo intentamos sintetizar -a grandes rasgos- el contenido del informe sobre Plaza de España, focalizando la presentación en cuatro ejes para alimentar la discusión:

  1. Un análisis de los antecedentes del contexto urbano que acogía la intervención participativa, lo que obligaba a realizar un relato histórico del área y mostrar las líneas de continuidad entre el modelo urbanístico del anterior consistorio y el actual en torno al "modelo de ciudad" (Págs. 4-5 del informe).
  2. Una evaluación expecífica del proceso de participación, de sus contradicciones y límites, es decir, un examen crítico de sus convocatorias presenciales, de las dinámicas implementadas y las herramientas escogidas para construir el proceso participativo: flujo y calidad de la información, criterios, conflictos, tipología de la encuesta propuesta para orientar la intervención, explotación de datos, etc. (Págs. 6 – 37 del informe)
  3. Una crítica política al proceso, exponiendo -como contramodelo- aquello que podría ser una participación "sustantiva" en términos de deliberación, redistribución del poder y capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos públicos. En este sentido, se incidió también en cómo la participación puede servir para legitimar proyectos políticos de gobiernos anteriores, provocando múltiples paradojas dentro de una nueva política que pretendía -al menos en el papel- revertir la polarización social en el espacio urbano y romper con el modelo de "ciudad neoliberal" -desigual, gentrificador y turistificador- (Págs. 38-42 del informe).
  4. Finalmente se esbozaron algunas propuestas basadas en el informe que obtuvieron el feedback del foro.

Relatoría de la discusión

Como señalábamos más arriba, la discusión colectiva puso en cuestión el proceso de participación y el espacio de intervención elegido para la misma. Las razones que se adujeron fueron diversas, pero sobre todo se presentaron argumentos políticos, sociales y técnicos. Ya que las líneas críticas que orientaron las presentaciones están disponibles en los informes, conviene sintetizar los ejes que plantearon mayores problemas y las conclusiones más destacables del debate. Las conversaciones del laboratorio se concentraron en torno al "Modelo de Ciudad" de Ahora Madrid, los déficits en el diseño participativo propuesto por la concejalía de participación -lo que abrió una discusión plural sobre qué sentido tiene participar y quiénes participan- y una batería de propuestas que salieron de la discusión colectiva.

Respecto a la cuestión del modelo de ciudad de Ahora Madrid, fueron varias las opiniones que situaron la intervención urbanística en clara línea de continuidad con las políticas del antiguo gobierno municipal. Si bien se intentaba justificar la intervención en un espacio central de la ciudad apelando a su "degradación", esa decisión política -pues es una decisión del área de urbanismo- pasaba por encima de las líneas básicas del programa electoral de Ahora Madrid (Especialmente "Área 4: Ciudad cercana, cohesionada y habitable"). ¿Por qué intervenir en Plaza de España y no en un distrito periférico? ¿Por qué no afrontar las necesidades de zonas socialmente castigadas que requieren planes integrales de rehabilitación, regeneración y equipamientos? Un proyecto de participación en áreas periféricas hubiese servido, entre otras cosas, para potenciar relaciones comunitarias allí donde existe un mayor grado de fragmentación social. Se suponía que el nuevo gobierno confrontaría las lógicas polarizadoras que han estructurado la gran metrópoli durante casi dos décadas, pero el contraste entre el programa y la praxis parece decir -al menos en este caso- lo contrario.

Por otra parte, que se abra un proceso participativo para implementar un proyecto heredado -con efectos más que previsibles en el entorno- no tiene por qué significar algo positivo per se. Sobre todo cuando tiene un claro carácter dirigista: es un proyecto implementado desde la institución, es decir, no responde en primera instancia a las necesidades de las vecinas y vecinos del territorio -no se basa en sondeos previos, se busca la participación para avalar una operación en el área de Plaza de España-. Si se hubiese elaborado un diagnóstico integral del espacio urbano y sus tendencias, sin descuidar variables económicas de calado fundamental, como la situación del Edificio España, probablemente la justificación del proceso de participación y la futura intervención hubiesen sido mucho más complicadas. ¿En qué sentido? A nadie se le escapa que el Edificio España es hoy un espacio en disputa por diferentes inversores que buscan maximizar sus beneficios. Desde la óptica de la economía política del espacio urbano, la transformación del entorno junto con las nuevas inversiones valorizarán el territorio, generando procesos de expulsión y una mercantilización todavía mayor del mismo. Valorizar el territorio en sentido económico y generar branding -una nueva Plaza de España remodelada con la que atraer inversiones- no deberían ser los objetivos un consistorio que pone en el centro combatir la desigualdad social. De hecho, ello no hace sino redundar en el modelo productivo tradicional del país: un modelo basado en el turismo y el circuito secundario de acumulación del capital que, como vemos, parece estar reactivándose dentro de la ciudad consolidada.

Desde el punto de vista del proceso de participación, se señalaron los conflictos existentes en las mesas de deliberación inicial, algo que llevó a varias asociaciones -alguna de ellas presente en el foro- a romper con el proyecto. A lo largo del debate, tal y como refleja el informe de Paula Cid y Samir Awad, se puso el acento en la incapacidad del ayuntamiento para generar mecanismos de mediación y resolver las demandas de los colectivos participantes. Algunas de estas demandas se referían a la calidad de la información -informes abstrusos y falta de diagnósticos-, otras a la falta de transparencia (se exigía conocer en detalle la motivación económica y política de la intervención, las fuentes de financiación y, en definitiva, qué modelo de ciudad se buscaba con la dinámica propuesta). La ruptura se produjo porque muchos de los agentes participantes no se se sentían cualificados para construir una encuesta vinculante, ya que entendían que no poseían información suficiente para ello. A nuestro juicio, un hecho tan grave debería haber obligado a replantear todo el proceso y buscar alternativas que permitiesen paliar los déficits.

De otra parte, se críticó que un cuestionario -máxime cuando es lineal y no tiene circulaciones alternativas- pudiera ser entendido como una verdadera herramienta de participación. Su diseño, además de sesgado, presentaba pérdidas sensibles de muestra en muchas de las preguntas, generadas -con toda probabilidad- por lo difuso y equívoco de su redacción. Uno de los consensos compartidos por todo el foro fue la crítica al privilegio de los medios on line en la toma de decisiones. Los efectos del predominio del click fueron patentes: una nítida brecha generacional entre las personas que participaron. Los tramos de edad entre los 22 y los 44 años concentraban los mayores índices de participación, mientras que a partir de los 60 años ésta decaía con fuerza. Por otro lado, el proceso pone de relieve una brecha de género notoria cuyo origen no puede explicarse con claridad: una sub-representación de la población femenina del 39% vs. 53% en el conjunto de la población madrileña. Elena Martínez Goytre y Paula González Azcárate, cuyo informe partía de una lectura del espacio urbano y del proceso de participación desde la perspectiva de género, no dejaron de señalar que este fue otro de los puntos flacos del proceso. Ni el área de Igualdad participó en el proyecto ni se dotaron las sesiones deliberativas de especialistas en la materia. Tampoco se invitó activamente a colectivos feministas. El cuestionario no asumía en ninguna pregunta unos mínimos de sensibilidad con la cuestión de género. Quizá la suma de todos estos factores pueda explicar parte de la brecha final.
No vamos a extendernos sobre los problemas del muestreo, tampoco respecto de la problemática recogida de datos vía teléfónica promovida desde el ayuntamiento -vía que no aplicaba en las llamadas el cuestionario completo-. Hay un análisis pormenorizado en el informe del Instituto DM realizado por Diana Valdemarín (Págs. 6 – 37). Los resultados del mismo son francamente negativos respecto al proceso, la explotación de los datos, la confección del cuestionario y los objetivos que el ayuntamiento trataba de lograr con el proceso participativo.

Respecto al debate sobre la participación, algunas opiniones sostenían que la apertura de un proceso participativo era algo que por sí mismo había que poner en valor; especialmente por la falta de costumbre de las instituciones españolas en este tipo de procesos. No obstante, hubo argumentos que cuestionaban esta afirmación, ya que cuando los procesos se encuentran tan dirigidos, la participación puede ser leída más como la legitimación de un proyecto premeditado que como un verdadero proceso de participación ciudadana. Es decir, la introducción de la participación puede ser un mero formalismo -incluso un "adorno"- que busque únicamente la ratificación de la opinión pública. Sobre todo cuando los aspectos a modificar en el proyecto se presentan como detalles no sustanciales. En este sentido, la participación puede ser algo tremendamente perverso si no se dota de información de calidad a los agentes ni se busca distribuir realmente el poder de decisión -para eso, creemos, se participa: para permitirle a la ciudadanía tener voz directa en los asuntos públicos-.
Entre las diversas propuestas que se comentaron, se habló de realizar diagnósticos profundos e integrales sobre el territorio que manejasen diversas variables (sociológicas, económicas, género, clase social, usos y tipología de los espacios, etc.), de manera que se pudiera prever el impacto de proyectos como el de Plaza de España sobre los distritos. Ese necesario conocer el espacio sobre el que se va a intervenir desde una perspeciva global, no restringida únicamente al área específica sobre el que se va a trabajar (de ese modo se evitaría incurrir en contradiciones políticas flagrantes y seguir insisitendo en lógicas lesivas para/con los distritos y la ciudad, por muy buenas que sean las intenciones). Se mencionó también la importancia del papel de la ciudadanía en los procesos de participación: ella y no la institución debería ser -en la medida de lo posible- el agente fundamental de estas iniciativas a través de sus demandas.

Se buscaron también soluciones para contrarrestar los desajustes informativos de los procesos deliberativos; una de las medidas de sentido común propuesta fue que la comisiones mixtas entre técnicos y ciudadanía fuesen facilitadas por informes en un lenguaje claro y comprensible, pero también por formaciones concretas. Esto, que puede parecer un mero detalle o trámite, es esencial si se desea potenciar que la información -que va a cualificar las decisiones de los agentes- genere una distribución de poder real y aglutine a más personas que a aquellas que usualmente estarían dispuestas a participar En esta misma línea, volvió a hablarse sobre la importancia de la implicación del área de igualdad y la colaboración de especialistas en género, así como de la importancia de los medios análogicos para superar la brecha digital. Se insistió asimismo en la necesidad de la transparencia de los procesos y en la clarificación de los objetivos, propiciando un seguimiento y una fiscalización de los procesos antes, durante y después del proceso de ejecución de las obras. Respecto a la cuestión de la mediación en los conflictos, la cuestión caía por su propio peso: la democracia parte siempre del disenso, incluso del antagonismo, cualquier proceso participativo que se precie debe tener esto en cuenta como un pilar básico de su propio desarrollo. En este sentido, es esencial construir dispositivos de mediación.

Como apunte, cabría plantear que hubiese pasado si el sorteo se hubiese utlizado para dinamizar parte del proceso de participación presencial, o si éste hubiese servido como mecanismo para recabar información y opiniones en un formato analógico reglado (entrevistas, encuestas, talleres) acotado al territorio de Plaza de España y alrededores. Desde luego, una movilización fuerte de gente a través del sorteo hubiese permitido romper la brecha digital y construir una dinámica más rica, aunque quizá ello hubiese requerido varias convocatorias sorteadas y quizá unos plazos más largos. En cualquier caso, el uso del sorteo puede ser una alternativa para superar los sesgos de edad y género, introduciendo ciertas correciones en su aplicación. En términos de clase, el sorteo también puede servir para incluir a quienes habitualmente no participan o se hallan desconectados de la vida política, invitándoles a formar parte de un proyecto que tiene como objeto el entorno en el que viven -el sorteo opera aquí como un redistribuidor de capital político o como un vector de inclusión al campo político-institucional-. Ahora bien, probablemente este sorteo debería establecer algún tipo de contraparte -cierta dotación de recursos, salario o reconocimiento- para llevar a buen puerto el proceso participativo. El mero sorteo en sí mismo, sobre todo si es voluntario -así lo entendemos-, no asegura tampoco que la particpación pueda ir más allá de las clases medias -quienes habitualmente participan por disponer de recursos para ello- si no hay más elementos en juego que animen los procesos participativos.


 Finamente, y más allá del apunte previo, se concluyó que los tres informes deberían ser tenidos en cuenta en nuevas dinámicas participativas propuestas por el ayuntamiento de Madrid, de manera que no se volviesen a repetir los mismos errores: ni en sentido político, participativo ni técnico. Para terminar, cabría señalar que el proyecto de Plaza de España -una iniciativa en muchos sentidos fallida- se está vendiendo al público como un gran éxito y algo inédito (cuando ha habido proyectos similares en diversas ciudades del mundo), algo que debería hacernos pensar acerca de las relaciones de poder existentes entre lo político y lo mediático. Pero también hacernos reflexionar sobre la importancia de la crítica y los límites de la institución a la hora de transformar la sociedad. 

martes, 20 de septiembre de 2016

Un video sobre el sorteo

El blog Equality by lot anuncia la salida de este video de David Van Reybrouck, autor del libro Contre les élections, del que hice una reseña en mi blog personal. El video sirve de promoción a la obra y contiene una eficaz historia de la relación entre sorteo y democracia; siempre, claro está, desde la perspectiva del autor del libro que identifica esencialmente sorteo y democracia.  

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Francisco Vázquez participa en el congreso "Populismo versus republicanismo: genealogía, historia, crítica"


Entre el 20 y el 23 de setiembre se celebrará en Madrid el congreso: "Populismo versus republicanismo. Genealogía, historia, crítica" en el que participará Francisco Vázquez García con la ponencia “Democracia antigua y republicanismo. La institución del salario y la universalización de la libertad política en la obra de Antoni Domènech”. Será el viernes 23 a las 12:15. Los interesados en este importante congreso pueden consultar el programa. La intervención de Francisco Vázquez es un resultado de su trabajo en nuestro I+D sobre el que pronto realizará publicaciones.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Adelanto de las actividades de nuestro grupo para este curso: "Seminario Internacional sobre democracia, sorteo y representación"


Con el inicio del nuevo curso académico, nuestro grupo retoma la actividad. En las próximas semanas, publicaremos el programa definitivo del Seminario Internacional que tendrá lugar los días 14, 15 y 16 de diciembre en Sevilla. Aquí tienen un adelanto:


Democracia, sorteo, representación. Actualidad de un debate de 2.500 años

Seminario Internacional del proyecto de I+D: “La recepción de la filosofía grecorromana en la filosofía y las ciencias humanas en Francia y España desde 1980 hasta la actualidad”, FFI2014-53792-R (2015-2017)

Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA-CSIC) 14, 15 y 16 de diciembre de 2016.


El seminario reunirá a veinte investigadores que trabajan, desde perspectivas y disciplinas dispares pero afines, sobre democracia. Las ciencias sociales y las humanidades han sido y siguen siendo centrales para la comprensión de las fuentes y el desarrollo de los sistemas de gobierno democráticos. Desde la filosofía, la historia, la arqueología, la sociología, la ciencia política, la filología clásica o la comunicación, trataremos de ofrecer un panorama lo más amplio posible de la actualidad de los debates vigentes.
Además de un carácter interdisciplinar, nuestro grupo de investigación tiene la vocación de ampliar las redes de discusión y de colaboración científica con otros países. En esta ocasión, recibimos a investigadores llegados de diferentes lugares de la geografía española: Cádiz, Córdoba, Madrid, Sevilla y Zaragoza, y también desde Francia, la República Checa y Ecuador.


jueves, 28 de julio de 2016

Anacronías oligárquicas: Colomer y la democracia antigua como pretexto

La relación con la democracia clásica sigue arropando las apuestas presentes, hipótesis que se encuentra en el centro de nuestro proyecto de I+D. La claridad histórica sobre lo que fue y sobre quiénes la leen permanece como horizonte de comprensión de las apuestas sobre las democracias posibles. He aquí una respuesta publicada primero en el blog Hexis a un reciente artículo.
Jacques Rancière llama anacronías a las escenas descontextualizadas que viajan entre los periodos históricos y sirven como fermento de la sensibilidad política. En este caso, la democracia ateniense y las lecturas sobre la misma sirven para exorcizar el mito de una turba demagógica intemporal que solo existió en la imaginación de Platón -y los escritores reaccionarios de la época- pero no en la de Aristóteles, si se le lee con atención. Para defender tópicos sobre las masas esencialmente envilecidas de la democracia hay que buscarse a otro.  

Josep M. Colomer, con el título de "Oligarquía o demagogia", nos propuso ayer en El País recuperar a la filosofía clásica para pensar el dichoso Brexit. El artículo es una colección de lugares comunes elitistas sobre la política. Lugares comunes que solo se atreven a enunciar abiertamente los conservadores pero que, en la práctica, en los hechos, se actualizan también en la izquierda política, incluso en la que se ufana de su radicalidad. Efectivamente, los problemas complicados no son para ignorantes, sino que deben resolverlos las élites políticas, entre las que se supone que se cuenta Colomer y otros tantos que menudean en cúpulas y cupulillas de partidos.
Sería innoble pedirle a alguien desarrollos complejos en un artículo de prensa. En cualquier caso, ahí van unas precisiones de profesor de Filosofía, ahora que nuestra pobre disciplina se encoge para dar espacio, entre otras, a las que preparan a expertos como Colomer. 
Nuestro experto comienza hablando de la democracia clásica y restringiéndola a las pequeñas ciudades-estado. Una acotación que recojo de Castoriadis: no eran megalópolis, mas tampoco tan pequeñas. Cualquier gran ciudad de hoy, con sus facilidades de transportes y de comunicación, podría asimilarse, guardando muchas distancias, a la democracia del Ática. La diferencia es que Atenas -y las muchas ciudades-estado- tenían su orgullo en promover la participación política de la gente común, facilitando la distribución de los saberes políticos a través de procesos rápidos de rotación y no repetición; por supuesto, no hay saberes políticos que distribuir si no se goza de un mínimo económico que lo permita: la democracia era también una maquinaria de redistribución económica. Puede ser, o no, que la experiencia no pueda trasladarse al presente. La cuestión, sin embargo, no es el tamaño. Si ahí estuviera la clave, pero el sistema nos gustase ¿por qué no regimos ciudades como Madrid, o al menos como Granada, al modo antiguo, asegurando procesos de aprendizaje político y permitiéndolos económicamente? 
Y algo más en este punto. Hasta el Renacimiento, los mecanismos de distribución de cargos públicos recurrieron a menudo al sorteo, a veces fue el caso de Florencia, previa cualificación de los candidatos por el voto. Todos aquellos que traspasaban un umbral de apoyo electoral entraban en un sorteo de cargos, siempre con la rotación y la rendición de cuentas. El sorteo de cargos impedía los manejos mafiosos entre las élites, siempre contentas de encastrarse en aquellos que permitan más beneficios privados. 
Todavía en nuestras democracias, el sorteo ha conocido una auténtica renovación, precisamente para que no se hagan pasar por expertos -a los que Colomer no dudo que conozca y sepa distinguir- unos caraduras o, lo que viene a ser lo mismo, una facción de especialistas que presentan su puntos de vista litigiosos como si fueran la verdad incuestionable de su ciencia (o de su supuesta ciencia...). Se aprovechan para ello de la incultura, a menudo petulante, de los mediadores culturales (los periodistas tienen al respecto una responsabilidad enorme), especialistas en facturar como indiscutibles argumentos que, entre los que verdaderamente saben, resultan disputadísimos. Los principios de lo que se ha dado en llamar "democracia técnica" no son otros que asegurarse de que los expertos lo sean de verdad: capaces de defender su posición ante paneles donde estén presentes sus rivales y los legos. Una selección sorteada de los expertos y los legos permite que la deliberación no se produzca militarizada por redes de servidumbres previas. 
Y a propósito, mi segunda precisión de profesor. Colomer parece sacar de Aristóteles argumentos contra la democracia, a la que identifica con la demagogia. Muy sesgado. Me atrevería a decir que nuestro experto no ha leído a Aristóteles, ni siquiera una buena monografía sobre la política de Aristóteles -dicho sea de paso: el que ha aceptado su artículo en El País tampoco. Aristóteles consideraba que era posible que una multitud de mediocres fuese infinitamente mejor que los pocos excelentes. Los excelentes lo suelen ser en solo una cosa, tienden a mirar el mundo desde ella y, eso es tremendo, a hablar con arrogancia de especialistas de temas en los que son campanudamente tan ignorantes como cualquier hijo de vecino (es decir, en la mayoría de los temas). Los muchos, más prudentes y capaces de escuchar no sólo a un experto sino a todos, pueden concluir a menudo con más altura intelectual. Aristóteles no era un demócrata radical, sea; ahora: mucho de lo bueno que conocemos de la democracia ateniense -por ejemplo, de la utilización del sorteo- proviene de la Política o de la Constitución de los atenienses. 
Tampoco, tercera precisión, Aristóteles analiza exclusivamente la política desde un esquema lógico de regímenes virtuosos (democracia, aristocracia, monarquía) y sus degeneraciones (demagogia, oligarquía y tiranía).  Eso está, sin duda, pero no es lo único. Además nuestro experto no se fija en algo evidente del modelo: existe un posible virtuoso para la democracia. Pero lo más interesante no es un modelo lógico en el que encajar regímenes, no: lo mejor es cómo Aristóteles ve componentes de cada régimen en cualquiera: hay componentes democráticos en aristocracias y aristocráticos en democracia. Aunque el régimen dominante sea uno, la formación política es compleja, y sobreviven en ella aspectos de otros regímenes. Lección que se me ocurre podría oponérsele a Colomer: ¿no existen otras maneras de mejorar la ilustración de los elecciones de competencia entre mercadotecnia? ¿No cabría introducir pautas de radicalismo democrático, de manera sostenida y estratégica, para incrementar la capacidad de los ciudadanos de hacerse cargo de los problemas políticos? Muchos creemos que dispositivos de la democracia antigua como los jurados ciudadanos sorteados contribuirían grandemente, por ejemplo, me repito, para que los expertos se acostumbren a hablar entre colegas que les contradigan y ante ciudadanos que los escuchen; y no a ejercer de tiralevitas entre cargos públicos que se creen expertos que seleccionan expertos pero que fueron seleccionados por ser grandiosos expertos en tirar de levitas. 
Cuarta precisión: la posición del experto Colomer y de su gremio ante lo del Brexit me recuerda en algo a la autopercepción de los estoicos. Los viejos maestros de la Escuela del Pórtico consideraban a los sabios miembros de una Ciudad Universal, regidos por las leyes divinas -que conocían ellos-, y enfrentados a bandas de insensatos que existían en las ciudades pequeñas, en las existentes. Así nuestros sabios de las necesidades de la globalización -o la nueva economía mundial o cualquier otra manifestación contemporánea de las leyes divinas- parecen los sabios de la Stoa, resignados a tratar con nosotros, pobres ignorantes. Y ya sin remedio: hace falta mano dura e ir a la oligarquía, concluye, me supongo que resignado, Colomer. 
Sin embargo, destacaré dos diferencias enormes. Los maestros del Pórtico consideraban que sabios había muy pocos y que por tanto el resto -la mayoría de ellos incluidos- debían tantear entre tinieblas, con el común de los mortales. Además, los estoicos desplegaban de su creencia en una ciudad universal un mensaje de fraternidad humana y se exigía mezclarse con el vulgo para acercarlo, tanto como se pueda, a la ilustración previa mejora de sus necesidades económicas básicas. A un estoico la muerte le sorprendería -es una imagen empleada por Séneca- ajustándose sus cabellos blancos en el casco de la batalla política, intentando salir colectivamente de la insensatez, peleando por salvarse con todos en la Ciudad Universal. Colomer parece condenar a los insensatos fuera de su ciudad de expertos, obligándoles a ser pastoreados por oligarquías. 
Ni Platón llegó tan lejos. Pero no quiero aburrir más a los lectores de este comentario. Me parece que Colomer se equivoca y mucho, pero que hace bien recurriendo a las fuentes clásicas sobre la política. Ahora bien, para pensar con ellas, recurran a estudiosos de la filosofía que sepan de lo que hablan. Porque en ese tema, Colomer de experto tiene poco. En otros no me meto, pero en ese le falta un añito de lecturas intensas. Si le interesa, le recomiendo algunos libros.