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martes, 22 de marzo de 2016

Seminario sobre "La mésentente" II. Una nota de Francisco Manuel Carballo Rodríguez

En la tercera sesión de nuestro seminario, la segunda dedicada a Jacques Rancière y a su libro La mésentente, que celebramos el lunes 21 de marzo, tuvimos la posibilidad y la fortuna, gracias a internet, de ser un grupo más numeroso. La participación de nuestros colegas desde Chequia y desde Granada hicieron la discusión más rica y estimulante. En esta ocasión nos centramos en la lectura de dos capítulos: “La distorsión: política y policía” y “La razón del desacuerdo”. Durante el debate tratamos dos cuestiones. En primer lugar nos preguntamos por las condiciones que hacen posible la política, y cuando esto sucede, cuáles son los espacios que se generan y el tipo de sujetos que produce. La segunda cuestión, que se desprende de la anterior, nos llevó a pensar sobre el tipo de instituciones en las que la política es posible.


Con respecto a la primera cuestión, debatimos sobre si las relaciones de poder están o no presentes en la reflexión de Rancière y en los episodios en los que nos dice que se revela la política. Para abordar este problema creímos necesario fijar la idea de que el principio de igualdad, que Rancière defiende de un modo radical, se encuentra en la aspiración de toda acción política e inscrito en la lógica policial, o lo que es lo mismo, en todo orden social, bien sea más o menos democrático. Dicho de otro modo, la lógica policial implica igualdad y desigualdad, y en la posibilidad de que dicha lógica sea superada, siempre con un resultado incierto, se encuentra la política. Para que todo eso suceda tienen que darse dos condiciones. La primera es que se configure un escenario en el que dos lógicas entren en conflicto. La segunda es que ese escenario modifique las experiencias sensibles de los sujetos que están presentes en él. Es en ese punto, en el encuentro de dos mundos hasta entonces distantes, donde la política es posible. De toda experiencia que cumpla esas condiciones, y que modifique tanto el escenario del encuentro de esos dos mundos y a sus integrantes, diremos que es política. La política pues, como lo improbable, en tanto que sus posibilidades son inciertas y siempre deben buscarse atendiendo a las prácticas de los sujetos implicados, frente a la acción de la policía como lo probable, como lo que regula el orden social y asegura, de manera siempre contingente, la igualdad o la desigualdad, la libertad o su ausencia.


Una vez aclarada la primera cuestión, pasamos a debatir sobre el tipo de instituciones en las que la política es posible y nos detuvimos en el sorteo como herramienta para la selección de personas para cargos políticos o para grupos que deben tomar decisiones que afectan al conjunto de la sociedad. Aquí, analizamos el papel que deberían tener los expertos, como meros informantes de materias en las que son especialistas pero que, en el proceso de deliberación y de toma de decisiones, no les confiere superioridad alguna con respecto del resto. Rancière, en esta parte del texto, nos resultó un poco más explícito que en capítulos anteriores, acerca de la evidente y necesaria desigualdad en cuanto al conocimiento y a las capacidades, siempre técnicas, y nunca políticas, y su integración en sociedades democráticas. Sobre la utilización del sorteo, estuvimos de acuerdo en que favorecería esa posibilidad del encuentro entre distintos mundos y sensibilidades en el que Rancière sitúa la acción política, y en que por lo tanto, sería deseable integrarlo en el gobierno de nuestras sociedades.



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