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jueves, 22 de septiembre de 2016

Una discusión colectiva sobre el proceso de participación de Plaza de España (Madrid). Una reflexión de Mario Espinoza

Mario Espinoza Pino nos introduce con cuidado y equilibrio en los problemas de un dispositivo de participación. Finalmente se pregunta qué podía haber mejorado y cómo la introducción del mecanismo del sorteo. Para nuestro I+D, uno de cuyos retos es reintroducir el debate de un problema básico de la filosofía política clásica (el del sorteo y la democracia), aportaciones como esta resultan fundamentales.  



Plaza España”, una excusa para dialogar sobre participación ciudadana en los proyectos urbanos.

IX Encuentro de Arquitecturas Colectivas
"Herramientas para una ciudad en abierto"
Madrid, 11-18 septiembre de 2016

El pasado día 15 de septiembre, el Instituto para la democracia y el municipalismo intervino en una discusión colectiva sobre el proceso de participación de Plaza de España en el marco del evento "Herramientas para una ciudad en abierto", organizado por Arquitecturas Colectivas (Urbanas Mad). Se trataba de dinamizar un debate crítico sobre el proyecto impulsado por el Ayuntamiento en el centro de Madrid, promovido por la concejalía de urbanismo con el apoyo del área de participación de Ahora Madrid. Un proyecto no exento de polémica. Los tres informes que sirvieron de referencia para el taller fueron compartidos previamente on line por los organizadores; los adjuntamos a continuación:

  1. Papeles003. Procesos de Participación: el caso "Plaza de España" en Madrid, elaborado por Raquel Rodríguez, Diana Valdemarín y Mario Espinoza (Instituto DM).
  2. Aproximación a la relación entre género y espacio público: el caso de Plaza de España en Madrid, elaborado por Elena Martínez Goytre y Paula González Azcárate (Latitud 40º).
Antes de abordar el contenido del taller y sus discusiones, resulta importante destacar la ausencia del ayuntamiento de Madrid en el encuentro. La organización del evento -a nuestro juicio con muy buen criterio- había invitado a las concejalías promotoras del proyecto de participación, de manera que el debate pudiera darse entre todas las partes: la institución, los "especialistas", los colectivos presentes y la ciudadanía en general. Aunque la asistencia del consistorio estaba confirmada, éste finalmente no se personó en el taller por "motivos de agenda", dejando una conversación que se pretendía coral sin uno de sus interlocutores principales. Los frutos del laboratorio hubiesen sido más ricos si la institución hubiese participado, ayudando así a esclarecer un proceso con varios puntos ciegos y contradicciones. No pudo ser. Más allá de esta ausencia -de la que debe quedar constancia-, puede decirse que los informes y la discusión posterior pusieron en cuestión tanto el carácter participativo del proceso como la idoneidad del ámbito donde este decidió llevarse a cabo: la Plaza de España.

Si bien los diangósticos presentados partían de diferentes premisas teóricas, tal y como puede verse en los informes anexados -que incluyen desde la teoría foucaultiana de los dispositivos hasta el género como vector analítico básico del espacio urbano-, sus resultados terminaron por revelarse convergentes y complementarios. Desde el Instituto para la democracia y el municipalismo intentamos sintetizar -a grandes rasgos- el contenido del informe sobre Plaza de España, focalizando la presentación en cuatro ejes para alimentar la discusión:

  1. Un análisis de los antecedentes del contexto urbano que acogía la intervención participativa, lo que obligaba a realizar un relato histórico del área y mostrar las líneas de continuidad entre el modelo urbanístico del anterior consistorio y el actual en torno al "modelo de ciudad" (Págs. 4-5 del informe).
  2. Una evaluación expecífica del proceso de participación, de sus contradicciones y límites, es decir, un examen crítico de sus convocatorias presenciales, de las dinámicas implementadas y las herramientas escogidas para construir el proceso participativo: flujo y calidad de la información, criterios, conflictos, tipología de la encuesta propuesta para orientar la intervención, explotación de datos, etc. (Págs. 6 – 37 del informe)
  3. Una crítica política al proceso, exponiendo -como contramodelo- aquello que podría ser una participación "sustantiva" en términos de deliberación, redistribución del poder y capacidad de la ciudadanía para intervenir en los asuntos públicos. En este sentido, se incidió también en cómo la participación puede servir para legitimar proyectos políticos de gobiernos anteriores, provocando múltiples paradojas dentro de una nueva política que pretendía -al menos en el papel- revertir la polarización social en el espacio urbano y romper con el modelo de "ciudad neoliberal" -desigual, gentrificador y turistificador- (Págs. 38-42 del informe).
  4. Finalmente se esbozaron algunas propuestas basadas en el informe que obtuvieron el feedback del foro.

Relatoría de la discusión

Como señalábamos más arriba, la discusión colectiva puso en cuestión el proceso de participación y el espacio de intervención elegido para la misma. Las razones que se adujeron fueron diversas, pero sobre todo se presentaron argumentos políticos, sociales y técnicos. Ya que las líneas críticas que orientaron las presentaciones están disponibles en los informes, conviene sintetizar los ejes que plantearon mayores problemas y las conclusiones más destacables del debate. Las conversaciones del laboratorio se concentraron en torno al "Modelo de Ciudad" de Ahora Madrid, los déficits en el diseño participativo propuesto por la concejalía de participación -lo que abrió una discusión plural sobre qué sentido tiene participar y quiénes participan- y una batería de propuestas que salieron de la discusión colectiva.

Respecto a la cuestión del modelo de ciudad de Ahora Madrid, fueron varias las opiniones que situaron la intervención urbanística en clara línea de continuidad con las políticas del antiguo gobierno municipal. Si bien se intentaba justificar la intervención en un espacio central de la ciudad apelando a su "degradación", esa decisión política -pues es una decisión del área de urbanismo- pasaba por encima de las líneas básicas del programa electoral de Ahora Madrid (Especialmente "Área 4: Ciudad cercana, cohesionada y habitable"). ¿Por qué intervenir en Plaza de España y no en un distrito periférico? ¿Por qué no afrontar las necesidades de zonas socialmente castigadas que requieren planes integrales de rehabilitación, regeneración y equipamientos? Un proyecto de participación en áreas periféricas hubiese servido, entre otras cosas, para potenciar relaciones comunitarias allí donde existe un mayor grado de fragmentación social. Se suponía que el nuevo gobierno confrontaría las lógicas polarizadoras que han estructurado la gran metrópoli durante casi dos décadas, pero el contraste entre el programa y la praxis parece decir -al menos en este caso- lo contrario.

Por otra parte, que se abra un proceso participativo para implementar un proyecto heredado -con efectos más que previsibles en el entorno- no tiene por qué significar algo positivo per se. Sobre todo cuando tiene un claro carácter dirigista: es un proyecto implementado desde la institución, es decir, no responde en primera instancia a las necesidades de las vecinas y vecinos del territorio -no se basa en sondeos previos, se busca la participación para avalar una operación en el área de Plaza de España-. Si se hubiese elaborado un diagnóstico integral del espacio urbano y sus tendencias, sin descuidar variables económicas de calado fundamental, como la situación del Edificio España, probablemente la justificación del proceso de participación y la futura intervención hubiesen sido mucho más complicadas. ¿En qué sentido? A nadie se le escapa que el Edificio España es hoy un espacio en disputa por diferentes inversores que buscan maximizar sus beneficios. Desde la óptica de la economía política del espacio urbano, la transformación del entorno junto con las nuevas inversiones valorizarán el territorio, generando procesos de expulsión y una mercantilización todavía mayor del mismo. Valorizar el territorio en sentido económico y generar branding -una nueva Plaza de España remodelada con la que atraer inversiones- no deberían ser los objetivos un consistorio que pone en el centro combatir la desigualdad social. De hecho, ello no hace sino redundar en el modelo productivo tradicional del país: un modelo basado en el turismo y el circuito secundario de acumulación del capital que, como vemos, parece estar reactivándose dentro de la ciudad consolidada.

Desde el punto de vista del proceso de participación, se señalaron los conflictos existentes en las mesas de deliberación inicial, algo que llevó a varias asociaciones -alguna de ellas presente en el foro- a romper con el proyecto. A lo largo del debate, tal y como refleja el informe de Paula Cid y Samir Awad, se puso el acento en la incapacidad del ayuntamiento para generar mecanismos de mediación y resolver las demandas de los colectivos participantes. Algunas de estas demandas se referían a la calidad de la información -informes abstrusos y falta de diagnósticos-, otras a la falta de transparencia (se exigía conocer en detalle la motivación económica y política de la intervención, las fuentes de financiación y, en definitiva, qué modelo de ciudad se buscaba con la dinámica propuesta). La ruptura se produjo porque muchos de los agentes participantes no se se sentían cualificados para construir una encuesta vinculante, ya que entendían que no poseían información suficiente para ello. A nuestro juicio, un hecho tan grave debería haber obligado a replantear todo el proceso y buscar alternativas que permitiesen paliar los déficits.

De otra parte, se críticó que un cuestionario -máxime cuando es lineal y no tiene circulaciones alternativas- pudiera ser entendido como una verdadera herramienta de participación. Su diseño, además de sesgado, presentaba pérdidas sensibles de muestra en muchas de las preguntas, generadas -con toda probabilidad- por lo difuso y equívoco de su redacción. Uno de los consensos compartidos por todo el foro fue la crítica al privilegio de los medios on line en la toma de decisiones. Los efectos del predominio del click fueron patentes: una nítida brecha generacional entre las personas que participaron. Los tramos de edad entre los 22 y los 44 años concentraban los mayores índices de participación, mientras que a partir de los 60 años ésta decaía con fuerza. Por otro lado, el proceso pone de relieve una brecha de género notoria cuyo origen no puede explicarse con claridad: una sub-representación de la población femenina del 39% vs. 53% en el conjunto de la población madrileña. Elena Martínez Goytre y Paula González Azcárate, cuyo informe partía de una lectura del espacio urbano y del proceso de participación desde la perspectiva de género, no dejaron de señalar que este fue otro de los puntos flacos del proceso. Ni el área de Igualdad participó en el proyecto ni se dotaron las sesiones deliberativas de especialistas en la materia. Tampoco se invitó activamente a colectivos feministas. El cuestionario no asumía en ninguna pregunta unos mínimos de sensibilidad con la cuestión de género. Quizá la suma de todos estos factores pueda explicar parte de la brecha final.
No vamos a extendernos sobre los problemas del muestreo, tampoco respecto de la problemática recogida de datos vía teléfónica promovida desde el ayuntamiento -vía que no aplicaba en las llamadas el cuestionario completo-. Hay un análisis pormenorizado en el informe del Instituto DM realizado por Diana Valdemarín (Págs. 6 – 37). Los resultados del mismo son francamente negativos respecto al proceso, la explotación de los datos, la confección del cuestionario y los objetivos que el ayuntamiento trataba de lograr con el proceso participativo.

Respecto al debate sobre la participación, algunas opiniones sostenían que la apertura de un proceso participativo era algo que por sí mismo había que poner en valor; especialmente por la falta de costumbre de las instituciones españolas en este tipo de procesos. No obstante, hubo argumentos que cuestionaban esta afirmación, ya que cuando los procesos se encuentran tan dirigidos, la participación puede ser leída más como la legitimación de un proyecto premeditado que como un verdadero proceso de participación ciudadana. Es decir, la introducción de la participación puede ser un mero formalismo -incluso un "adorno"- que busque únicamente la ratificación de la opinión pública. Sobre todo cuando los aspectos a modificar en el proyecto se presentan como detalles no sustanciales. En este sentido, la participación puede ser algo tremendamente perverso si no se dota de información de calidad a los agentes ni se busca distribuir realmente el poder de decisión -para eso, creemos, se participa: para permitirle a la ciudadanía tener voz directa en los asuntos públicos-.
Entre las diversas propuestas que se comentaron, se habló de realizar diagnósticos profundos e integrales sobre el territorio que manejasen diversas variables (sociológicas, económicas, género, clase social, usos y tipología de los espacios, etc.), de manera que se pudiera prever el impacto de proyectos como el de Plaza de España sobre los distritos. Ese necesario conocer el espacio sobre el que se va a intervenir desde una perspeciva global, no restringida únicamente al área específica sobre el que se va a trabajar (de ese modo se evitaría incurrir en contradiciones políticas flagrantes y seguir insisitendo en lógicas lesivas para/con los distritos y la ciudad, por muy buenas que sean las intenciones). Se mencionó también la importancia del papel de la ciudadanía en los procesos de participación: ella y no la institución debería ser -en la medida de lo posible- el agente fundamental de estas iniciativas a través de sus demandas.

Se buscaron también soluciones para contrarrestar los desajustes informativos de los procesos deliberativos; una de las medidas de sentido común propuesta fue que la comisiones mixtas entre técnicos y ciudadanía fuesen facilitadas por informes en un lenguaje claro y comprensible, pero también por formaciones concretas. Esto, que puede parecer un mero detalle o trámite, es esencial si se desea potenciar que la información -que va a cualificar las decisiones de los agentes- genere una distribución de poder real y aglutine a más personas que a aquellas que usualmente estarían dispuestas a participar En esta misma línea, volvió a hablarse sobre la importancia de la implicación del área de igualdad y la colaboración de especialistas en género, así como de la importancia de los medios análogicos para superar la brecha digital. Se insistió asimismo en la necesidad de la transparencia de los procesos y en la clarificación de los objetivos, propiciando un seguimiento y una fiscalización de los procesos antes, durante y después del proceso de ejecución de las obras. Respecto a la cuestión de la mediación en los conflictos, la cuestión caía por su propio peso: la democracia parte siempre del disenso, incluso del antagonismo, cualquier proceso participativo que se precie debe tener esto en cuenta como un pilar básico de su propio desarrollo. En este sentido, es esencial construir dispositivos de mediación.

Como apunte, cabría plantear que hubiese pasado si el sorteo se hubiese utlizado para dinamizar parte del proceso de participación presencial, o si éste hubiese servido como mecanismo para recabar información y opiniones en un formato analógico reglado (entrevistas, encuestas, talleres) acotado al territorio de Plaza de España y alrededores. Desde luego, una movilización fuerte de gente a través del sorteo hubiese permitido romper la brecha digital y construir una dinámica más rica, aunque quizá ello hubiese requerido varias convocatorias sorteadas y quizá unos plazos más largos. En cualquier caso, el uso del sorteo puede ser una alternativa para superar los sesgos de edad y género, introduciendo ciertas correciones en su aplicación. En términos de clase, el sorteo también puede servir para incluir a quienes habitualmente no participan o se hallan desconectados de la vida política, invitándoles a formar parte de un proyecto que tiene como objeto el entorno en el que viven -el sorteo opera aquí como un redistribuidor de capital político o como un vector de inclusión al campo político-institucional-. Ahora bien, probablemente este sorteo debería establecer algún tipo de contraparte -cierta dotación de recursos, salario o reconocimiento- para llevar a buen puerto el proceso participativo. El mero sorteo en sí mismo, sobre todo si es voluntario -así lo entendemos-, no asegura tampoco que la particpación pueda ir más allá de las clases medias -quienes habitualmente participan por disponer de recursos para ello- si no hay más elementos en juego que animen los procesos participativos.


 Finamente, y más allá del apunte previo, se concluyó que los tres informes deberían ser tenidos en cuenta en nuevas dinámicas participativas propuestas por el ayuntamiento de Madrid, de manera que no se volviesen a repetir los mismos errores: ni en sentido político, participativo ni técnico. Para terminar, cabría señalar que el proyecto de Plaza de España -una iniciativa en muchos sentidos fallida- se está vendiendo al público como un gran éxito y algo inédito (cuando ha habido proyectos similares en diversas ciudades del mundo), algo que debería hacernos pensar acerca de las relaciones de poder existentes entre lo político y lo mediático. Pero también hacernos reflexionar sobre la importancia de la crítica y los límites de la institución a la hora de transformar la sociedad. 

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