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martes, 7 de mayo de 2013

COLÓQUESE LA CITA Y QUE PEREZCA EL MUNDO



 El año que soñamos peligrosamente
Abramos el capítulo III del último libro de Slavoj Zizek (El año que soñamos peligrosamente, Madrid, Akal, 2013). Las cuatro primeras páginas nos hablan del Dieciocho de Brumario y La lucha de clases en Francia, dos memorables textos de Marx donde este muestra las complicadas coaliciones de clase que sucedieron en la Francia de 1848. La quinta página nos introduce de sopetón en la crisis financiera y en la sexta aparece una fórmula de Lacan 1+1=a (y francamente: o explica uno un poco su relevancia o se la ahorra). Con ella se nos introduce en la idea de que, igual que en psicoanálisis, las clases sociales no se representan la realidad según sus intereses de clase objetivos, sino, como en sueño, mediante pensamientos desplazados. Cuatro páginas después se nos anuncia lo importante: las clases populares no tienen siempre posiciones políticas progresistas, sino que a menudo se encuentran fascinados por políticos conservadores. Dos páginas después se juntan Lenin y Lacan para decirnos que Marx no comprendió que el Estado y la política tienen su lógica propia que no se puede reducir a la base económica. En fin, Zizek entra en polémica con el progresismo por tres razones (después de una breve referencia al interesante libro de Thomas Frank ¿Qué pasa con Kansas?). En primer lugar, los pobres, o las clases populares, tienen identidades culturales, religiosas, familiares o políticas. No se salen de ellas para hacer el cálculo de sus intereses y decidir que, ¡ale!, al demonio su personalidad, sus relaciones y sus deseos que ellos van a pensar como auténticos revolucionarios, según lo que Lukács llamó la conciencia de clase atribuida (la que se debería tener si, ¡ay!, se pensara como el marxista dice que se debería pensar). La segunda idea es que los progresistas, a menudo, destilan racismo de clase cuando luchan contra el fundamentalismo y el sexismo, pues con estos se alude a comportamientos de las clases bajas. Sin duda, existe un feminismo racista como un populismo más elitista que la fiesta punk del MOMA, pero, en fin, a uno le parece que  las denuncias por violencia de género o la asistencia a cursos sobre sexualidad femenina no son monopolio de doctorandas sobre teoría Queer (dicho sea con el máximo respeto), sino muchas mujeres con trabajos modestos o en paro. En tercer lugar, Zizek nos recuerda que la lógica de la lucha de clases apuesta por la eliminación del adversario, mientras que la izquierda cultural apuesta por la tolerancia. Por tanto, el populismo conservador capta mejor la lógica de la lucha de clases que el antirracismo progresista con sus prédicas de tolerancia. No vale la pena recordar a Zizek que el comunismo ha inspirado glorias como Stalin o Sendero Luminoso, porque es capaz de citarlas con orgullo y decirte que tu reivindicación de la tolerancia es una pamplina burguesa y liberal.
Y así continúa el libro.
François Cusset (French Theory) habló de la parataxia intelectual y servidor propuso un intento de análisis de la misma en Filosofía y sociología en Jesús Ibáñez. Parataxia es una figura retórica que subraya los aspectos emotivos del discurso en detrimento de su lógica. En el libro sobre Ibáñez, señalaba que la parataxia intelectual aparece cuando se desean captar públicos con lógicas incompatibles. Hablarles a unos supone excluir a otros, pero se intenta. Eso da al discurso un enorme poder de sugestión en detrimento de su calidad informativa. No tengo ningún problema con eso pues el placer de consumir productos exclusivos o exóticos juega un papel de primer orden en las opciones culturales de la gente –lo mismo que cuando escogen un vino, un salchichón o un local de moda. Reducir el discurso a su lógica informativa es imposible.
Zizek introduce fragmentos de realidad, de cultura popular y con referencias culturales de hipervanguardia. Algunas veces las conjunta bien y yo soy el primero en disfrutarlas (aunque me cueste trabajo retraducirlas en otras palabras: pero así somos los consumidores culturales). En otras: francamente no. Últimamente el leninismo (incluso el stalinismo) se ha convertido en emblema de distinción de cierta elite intelectual, para mí banal hasta la médula. Pero sus millones de lectores y de fans piensan distinto: se duro se ha vuelto muy chic. El programa del primer 15M (pues 15M ha habido ya varios y no siempre compatibles), nos dice Zizek, lo podría firmar hasta un fascista pues hablaba de personas y de no someterse a los mercados. Eso le parece fatal. Podría haber dicho que estaba genial, que eso prueba que era un movimiento que conectaba con la gente y que no se olvidaba del pueblo llano con sus creencias conservadoras (es lo que, si yo entendí bien, decía antes). Luego viene otra cita de Lacan para decir que los revolucionarios buscaban un Amo y eso se aplica a los indignados (yo no sé, por muchos algoritmos que me pongan, qué demonios quiere decir eso del Amo: si quiere decir que la gente quiere referentes se podía emplear una palabra menos bambollas que la de Amo, con su mayúscula y todo). Pero ¿no se ha dicho antes que los indignados eran gente sin ideología, nada que ver pues con la gente a la que Lacan hablaba en Vincennes? Luego salta a Turquía y dos páginas después nos cuenta que en Grecia había asambleas igualitarias. En España parece que no, porque la autoorganización progresista desapareció tras la muerte de Franco.
A estas alturas se le cae a uno el libro. Francamente, este parece resumirse en una consigna: que la realidad no te amargue una buena cita ni la posibilidad de epatar. Eso no es parataxia. La parataxia tiene problemas lógicos pero responde a un proceso intelectual auténtico: comunicar entre mundos incompatibles, por ejemplo, como lo hace muy bien Zizek en otros libros, entre la alta cultura y el pop. Además, la devoción a citas que no informan de nada (o que ocultan la realidad: claro que yo hablo de la realidad como un positivista vulgar) no es monopolio de Zizek, sino que aparece a menudo en discursos académicamente muy pulidos. No tiene nada que ver con la parataxia, es simple presunción escolástica, demostración de que el autor pertenece a una escuela prestigiosa. Su imperativo categórico parece ser: “Colóquese la cita y que perezca el mundo”.

6 comentarios:

  1. Querido Pepe,
    Zizek es magnífico en sus análisis cinematográficos y en algunos análisis culturales. En política empezó diciendo cosas interesantes, sobre por ejemplo la relaión entre democracia y nacionalismo o el propio análisis del estalinismo contrapuesto al fascismo. Escribió cosas interesantes de filosofía pura y dura, como en Visión de paralaje. Supo combinar, como dices, arte popular y productos intelectuales refinados. Pero luego se lo creyó demasiado, tuvo su público al que decirle las gracias, le resultaba divertido escandalizar a la izquierda académica. Ahora escribe, básicamente, para la galería. Yo ya no puedo ni con un artículo, a apesar de que últimamente leía alguna de sus últimas publicaciones. Sus propuestas políticas son contradictorias e inconsitentes.y sobre todo, él si tiene un Amo, que es Lacan. La palabra Maître, comos abes mejor que yo, se puede traducir por Amo y por Maestro. lacan se lo dijo, muy enfadado, a los estudiantes del 68 : "Quereis un Amo, y lo tendreis". En parte acertó : Trosky y Mao fueron los nuevos Amos. Pero su extrapolación de Lacan a todos los campos, sobre todo a la política, ya cansa. por lo menos a mí.
    Un abrazo

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  2. Querido amigo
    en todo coincidimos. En el valor del autor y en su deriva. No he querido criticar suproyecto sino la degradación del mismo, resentandolo como un caso de escolasticismo. como digo eso abunda también en autores muy académicos
    Un abrazo

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  3. Sabias palabras las de Pepe y las de Luis. Muchas gracias por la orientación acerca del libro de Zizek

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  6. Leyendo, o viendo (pues hay mucho video de Zizek), alguna entrevista reciente a Zizek a propósito de los movimientos de indignados surgidos en Europa, ya me temía algunas de las observaciones que hace José Luis. Me sumo a los agradecimientos de Paco Vázquez. Y comparto en mi olvidado FB esta reseña al libro que, curiosamente, tuve ayer entre mis manos en una librería de por acá.... por cierto, al ver la imagen de la portada, con un Zizek en primer plano y con las manos en los bolsillos (que aparezca una foto del autor en la portada creo que ya dice algo), por delante de la beligerante imagen de un coche en llamas (seguramente de la banlieue parisina o algún suburbio londinense)... como que me hechó para atrás.... no sé, será mi subconciente. Un fuerte abrazo, se les extraña y mucho.

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