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jueves, 13 de junio de 2013

José Luis Bellón sobre la Historia de la literatura española de J.C. Mainer

Sobre el prólogo general de la Historia de la literatura española, dirigida por José Carlos Mainer (2010-). (I)
Bajo las cubiertas de muchos manuales universitarios palpitan necesidades institucionales, mercantiles y estrategias consagración. J. C. Mainer es un hispanista de prestigio que copa, merecidamente, el espacio de atención, incluso a través de artículos en El País sobre su obra.
La obra que reseñamos es presentada como una síntesis que concluirá "al comienzo del segundo decenio del siglo XXI". Intenta aprovechar la cosecha filológica de los últimos 30 años y contiene dos volúmenes de importante carga teórica dedicados al "lugar de la literatura" (y española) y a las "Historia de las ideas literarias" (y en España). Ha habido modificaciones de paradigmas de estudio y muchos logros y preguntas planteadas, desde la estética de la recepción a la impregnación política de los estudios (etc.), de modo que la presente historia - se nos dice - no quiere tanto contribuir a aclarar algo el borroso cuadro del estado de las cuestiones sino a transmitir la riqueza de tan abigarrado paisaje.
Explica el autor en el prólogo general las implicaciones y complicaciones de la expresión "historia de la literatura española". Cada una de estas palabras (historia, literatura, española) provoca reflexiones, dudas, reproches y encogimiento de hombros: sin embargo, al fin y al cabo no hay otra cosa, así que se deja tal cual…
Sin embargo, deja claro en añadido que los filólogos ya se habían dado cuenta hace tiempo, de que “los textos literarios son de naturaleza hojaldrada, finos estratos de significado entre los que circula el aire del tiempo y las huellas de textos precedentes que condicionaron su nacimiento” (p. ix); la evocadora y literaria imagen (que me recuerda a Proust y a los hojaldres de la pastelería de mi infancia en un pueblo de Jaén), coloca a los filólogos en su sitio al mismo tiempo que reactualiza las capas de la cebolla desconstructiva pero de forma más castiza (el hojaldre). En vez de arqueología, se trata de cocina. Este es el lenguaje y el tono literario del prólogo general que se presenta como una empresa cargada de sentido y ambiciones, como se verá.
Se aceptan las aportaciones de la teoría literaria, incluyendo la sociología Bourdieu ("interesante"), aunque la utilización de la noción de campo literario es bastante flexible (habrá que ver cómo se pone en funcionamiento en la obra); se reconoce asimismo a los Cultural Studies.
Los puntos centrales de la propuesta son los siguientes: pluriformidad metodológica y de concepción de la literatura, eclecticismo y preservación de "lo literario", de los textos y de sus autores, articulación de la literatura con el exterior del campo, incorporación de las literaturas menores de productos artísticos que la influyen pero que no son canónicos; el Canon no se pone en duda aunque se reconozca que haberlos hay que han dudado de Él.
La sensación es que se plantea la defensa de las constantes de lo literario-en-sí, con una serie de añadidos y cortezas de tipo histórico y sociológico para darle un barniz moderno a la vieja cuestión: La naturaleza humana existe y la literatura es eterna.
La magna obra no carece de ambiciones. En una serie de párrafos muy bien escritos, se despliega  creencia en la continuidad y herencia de Menéndez Pelayo y Ramón Menéndez Pidal. Nada más y nada menos. Modernidad y Tradición. Lo viejo y lo nuevo. Antiguos y modernos. Tutti frutti.
El prólogo es bastante aséptico, cauteloso. Al inicio parece que se nos dice que es una obra para todos, no sólo para los especialistas, como se reconoce al inicio. El público no es sólo universitario y por tanto el texto tampoco puede serlo. ¿Qué razones encontramos para esta propuesta for all seasons? Quizás que, en efecto, las necesidades institucionales fuerzan a escribir para todos y que esto es muy difícil de hacer, si se quiere presentar una obra digna del mercado y de la pervivencia en los tiempos que corren (y tan rápido: todo lo sólido se desvanece en el aire). No existen sólo necesidades institucionales, sino de mercado, o las dos se confunden, o hay una estrategia editorial de fondo en la que priman las listas de ventas. Al César lo que es del César. Criticar el plegamiento al mercado no es llamarlos herejes: es loable poner a disposición del público saberes enclaustrados en los laberintos, a menudo ilegibles, de la bibliografía especializada. Si el carácter de la obra es divulgativo, tampoco es que haya que darle muchas vueltas al asunto. Pero esta obra quiere y no quiere ser divulgativa. Lo más probable, sin embargo, es que la actitud de fondo (no sólo la estrategia editorial) corresponda a un estado de la cuestión en cuestiones de hispanismo literario.
 La realidad es que, en lo que concierne a los estudios de literatura, hoy todo vale: lo único que cuenta es publicar, y cuanto más, mejor. Da igual que se sea de la estilística, filólogo tradicional, feminista, psicoanalítico, marxista, postcolonial (o algún otro "post"), positivista, etc., etc., etc. La virtud de esta obra, por tanto, es el saber acumulado. Sus autores poseen una consagración merecida y seguro esta obra es un manantial de saber, de ideas, de caminos y senderos que se bifurcan. Siguiendo con la metáfora borgiana, puede decirse que la obra es una Babel. Según se deja claro, los últimos 40 años constituyen una edad de oro del ensayo, y este "ensayismo", será la tónica dominante de la (incluso reduciendo citas eruditas y notas, para no cansar al lector). Quien esto escribe no tiene nada en contra del ensayo, como género literario. Pero la elección de la palabra del estilo es desafortunada, sintomática. Porque se trata de una Babel relativa: “lo literario”, desde los orígenes hasta hoy, nunca es puesto en duda.

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