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martes, 29 de noviembre de 2011

Un nombre para nuestro seminario de formación: Pepe Gaos

Confesiones profesionales contiene una de las reconstrucciones más profundas y densas de cómo se factura de un filósofo: el aislamiento respecto del mundo, la división del trabajo en una escuela intelectual, el aprendizaje como transmisión no codificada de unas ideas encarnadas en personas, las tensiones dentro de las referencias intelectuales y, finalmente, la necesidad de construirse una perspectiva propia, que no habría sido posible sin la autoridad interiorizada y apartada. Nuestro grupo tiene un vínculo especial con México, donde residen una parte de nuestros compañeros de investigación, muy especialmente Alejandro Estrella. México fue también la patria de Gaos, con toda razón: solo aquella República hermana fue verdaderamente fiel a la española. Gaos fue un filósofo para el cual el rigor intelectual no exime de compromiso político y éste no justifica la pereza y el sectarismo intelectual. Como hombre, Gaos, gracias a Dios no fue un santo, pero en su biografía se encuentran actos donde se ven, en lo íntimo y en el trabajo intelectual, el significado de la libertad republicana. Así describe su hija cómo su padre la preparó para la comunión en 1934: "Más o menos dos años antes de la Guerra, la familia, o sea mi mamá y mis abuelas, pensaron que había que prepararme para hacer la primera comunión. Accediste con una condición: mamá se encargaría del catecismo y de las oraciones, pero no permitirías que tu hija fuera como un lorito repitiendo rezos sin ton ni son. Tú ibas a enseñarme quién era Cristo según la historia y según la Biblia, para lo cual empezaste por hablarme del Imperio Romano y sus colonias, después nos dedicamos a los evangelios. Tu voz pausada adquiría matices insospechados cuando leías y tus explicaciones hicieron vivir en mí cada paso de la vida de Jesús. Al final de tan maravillosas lecciones dijiste: "Tú sola tienes que decidir si ese hombre extraordinario es, además, Dios"". A este filósofo exigente, deslumbrante sociólogo de su profesión antes que nadie y hombre republicano, quisiéramos que nuestros modestos esfuerzos de reconstrucción de la cultura filosófica y cotidiana, diesen continuidad intelectual.     

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